Aldeanos Digitales - Vivir y trabajar fuera de la ciudad

10 cosas que hemos aprendido viviendo en el campo

En: La Guía

Después de tres años de vivir y trabajar fuera de la ciudad y un año de completa independencia (es decir sin clientes), vale la pena hacer un recuento de las cosas que hemos aprendido viviendo en el campo que seguramente le va a interesar si ya se le ha ocurrido este plan. Porque no tiene nada que ver con apreciar la magia de los detalles ni conectarse con el cosmos, más bien son las cosas que uno no cree que puedan suceder después de dejar atrás el complejo y aparatoso sistema de vida al que debemos adaptarnos para vivir en la ciudad, pero suceden.

Así que antes de comprarse el primer potrero barato que le ofrezcan, y soñar con el glorioso día en que le pregunten por qué se fue para el campo y responda con un heroico «porque me mamé», lea este top 10 para que no le vaya a pasar que se le perdió algo que nunca estuvo buscando.


Estas son las 10 cosas (a título personal) lo que he aprendido viviendo en el campo:

1. Es probable que cambie su percepción del tiempo y se vuelva perezoso.

Una hora es la misma en cualquier lugar del mundo, mas no necesariamente los eventos que transcurren en ese tiempo. En el campo sucede que no hay buses, trancones ni obstáculos para conectar lo que se le ocurra hacer con la capacidad de hacerlo realidad, de manera que cualquier proyecto que tenga le va a rendir más de lo que estaba acostumbrado. De igual manera las conversaciones suelen volverse más ricas y trascendentales porque hay más tiempo para reflexionar, es como ganarse el baloto pero en segundos. En mi caso particular el tiempo me ha llevado a desarrollar una pereza absurda, que afortunadamente he logrado controlar como contaré más adelante, pero igual sigue siendo pereza.

«LA PEREZA ES UNA VIRTUD O UN VICIO SEGÚN LA ESTRATEGIA.»

2. Su vida social no se va a acabar, por el contrario se va a volver anfitrión de todo el mundo.

Después de vivir en 4 fincas diferentes a lo largo de mi vida he notado que al comienzo siente que sus amigos ya no lo visitan (dependiendo de qué tan lejos se quiere ir) y surgen reflexiones profundas acerca de la amistad y todo eso; pero no es sino que vaya el primer valiente a pasar un fin de semana en su finca y verá que difícilmente pasará un puente sin visita. Es muy chevere porque si para usted es gratificante no vivir en la ciudad, imagínese lo valioso que es para ellos que se tienen que devolver, de manera que visita que se respete viene con asadito, fogata y borrachera. Usted se convierte en un anfitrión de lujo porque al quinto asado ya le coge el tiro a la leña, la carne y la rifada de los platos. Con el tiempo me sucedió que mis fines de semana giran en función del fin de semana de los demás, y no he podido determinar sinceramente si me gusta o no esa situación.

3. Es absolutamente posible y fácil prescindir de la ciudad por completo.

Será porque me aturdo fácilmente que no le encontré gracia a viajar Bogotá que llevo más de 2 años sin ir por esos lados. Creo que es un caso particular porque cuando le cuento a la gente ponen cara de incredulidad, como si fuera técnicamente imposible. Decidí hacerlo porque hace dos años intentamos trabajar en Bogotá y vivir en la finca, pero fue peor porque el contraste entre salir muy temprano de la finca para llegar a tiempo a una reunión, y tratar de salir temprano de la ciudad para no quedar atascado en un trancón (que fue una de las cosas de las que quise huir cuando me mudé a la finca) era sencillamente insoportable. Y ridículo, porque salía de noche y volvía de noche a la casa; para eso me quedaba viviendo en Bogotá que era lo mismo pero más cerca.

4. Es normal que tienda a comparar cómo era su vida antes y después de vivir en el campo, sin embargo son dos cosas completamente distintas.

El campo y la ciudad son sistemas muy diferentes, que solo convergen en el hecho de que un sistema provee al otro. Dependiendo de la región se encuentra todo tipo de actividades agrícolas, que en su mayoría se desarrollan para abastecer a las ciudades. Lo raro para los inmigrantes citadinos es que venimos habituados al sistema de ciudad y sus comodidades, pero por lo general no tenemos la sabiduría y la práctica para ser competitivos si quisiéramos ganarnos la vida trabajando la tierra. He escuchado cualquier cantidad de historias de otros vecinos que han hecho lo mismo que nosotros, algunas buenas y otras para nada agradables, pero en esos temas cada quien se adapta al campo a su modo.

5. Si usted es amante de los animales y del medio ambiente, el campo es el lugar perfecto para poner su activismo en práctica.

Para sintetizar, los perros no son otro integrante de la familia ni los ríos son un recurso valioso. No me gusta criticar y respeto -sin estar de acuerdo- los hábitos de las personas del campo, pero parece que los seres humanos en general tienden a restarle valor a las cosas en la medida en que son más abundantes. Después de sacar costales llenos de basura, rescatar cachorros, enterrar perros ahorcados del río e intuir el tamaño de problema en que me meto (por ser foráneo) si me pongo a denunciar a los responsables, solo se me ocurre pensar que este es el lugar perfecto para el ejercicio de cualquier activista ambiental, social o animal. Yo sigo haciendo lo mejor que puedo con los recursos disponibles que son la finca, mis manos y mi diplomacia.

«Consejo: Busque un estilo de vida donde su cuerpo metabolice bien y le sobre tiempo.»

6. Tarde o temprano termina conociéndose a sí mismo.

Siempre he pensado que las virtudes y los defectos son esas características de nuestra personalidad que desarrollamos o atenuemos para sobrevivir y competir en sociedad, y son las demás personas quienes nos indican cómo debemos manejarlos. Algo así como la terquedad por ejemplo, que usted tiene fama de terco en la casa pero si monta un proyecto esa terquedad se define como «persistencia». Viviendo en el campo, como no hay tantas personas que le digan qué tan buena o mala persona es usted, sus virtudes y defectos tienden a volverse más naturales, nítidos e incómodos.

Seguramente habrá escuchado todo lo contrario, y a lo mejor la mayoría de personas que migran a este estilo de vida encuentran una conexión divina con la tierra y otros detalles mágicos que los llevan a un estado superior de conciencia.  A mi no me dio por eso y me siento satisfecho con el resultado, a pesar de ser complejo y difícil de manejar. Hoy en día me puedo definir como una persona ingenua, terca, amargada y compasiva; y a lo mejor usted también lo es, solo que para aceptarlo es probable que necesite ayuda de un psicólogo.

7. Prepárese para atender crisis de todo tipo.

El campo es en esencia tranquilo y un lugar ideal para encontrarse con uno mismo y vivir mejor; pero como explicaba en el punto anterior, venimos de una especie de «auditoría social» en la que de alguna forma nuestra personalidad está determinada por nuestra relación con los demás, y para integrarse a un sistema tan simple y equilibrado como la naturaleza es probable que el cambio se manifieste como una crisis. Esto me tomó por sorpresa ya que solo contaba con una crisis financiera, pero acá he lidiado con crisis familiares -por lo general de terceros- en las que termino involucrado (de ahí que me considere ingenuo) y termino cargando con un poco de todo (de ahí que me considere amargado).

Sin embargo pienso que las crisis son necesarias para calibrar el ritmo de nuestra vida, y si es una crisis la que lo inspira a escapar al campo para re-encontrarse y planear mejor su futuro, pues hasta bueno ¿no?. Y puede que vengan más crisis, solo que viviendo en el campo se atienden más fácil.

8. Bienvenido a la zona de confort

En lo personal me gustan las zonas de confort porque es el punto donde nuestra vida corre «a velocidad crucero», lo que no me gusta es si cuesta mucho mantenerla. Con el tiempo se crea un equilibrio entre el tiempo y las tareas que le permiten vivir sabroso en el campo, que son tan diferentes como los habitantes de cada casa; algunos siembran, otros ordeñan. Yo he hecho una cantidad de cosas en estos años, digitales y análogas, y a la fecha lo único que hago de manera periódica es escribir.

El asunto es que la zona de confort cansa un poco y dan ganas de moverse, similar a lo que se siente cuando uno duerme más de lo habitual y se levanta uno un rato, así sea por algo de comer. En ese momento es que la pereza se vuelve productiva, lo que me lleva al siguiente punto.

9. La pereza es una virtud o un vicio dependiendo de la estrategia.

¿Es usted de los que deja sus proyectos personales tirados por que lo distrajo una nueva temporada de su serie favorita? Pues yo sí y sufría mucho por eso, hasta que diseñé una estrategia que no me frustrara cada vez que se me ocurría hacer algo y lo dejaba en un par de tablas mal clavadas. Decidí adoptar la pereza como una herramienta para hacer las cosas más fáciles y dejar de obsesionarme con el resultado a corto plazo, con muy buenos e inesperados resultados. Por ejemplo, quería hacer un vídeo juego que empecé a bocetar hace años, pero era tan complejo que me dio pereza realizarlo y mientras tanto produje cuatro vídeo juegos más. Irónicamente, si no fuera por la pereza no hago nada.

10. Su cuerpo metaboliza mucho mejor lo que consume.

No es que le preste mucha atención a la salud, pero comencé a enfermarme de la nada y el remedio no iba más allá de un Ibuprofeno, y se me hizo sospechoso que los problemas digestivos y de sueño parece que no eran la gran cosa para nadie, como si fuera el precio normal que uno paga por estar trabajando. Resumiendo la historia, después de vivir un rato por acá noté que ya no sufría de las cosas de antes, que podía comer de todo y que muchos achaques menores propios de superar la barrera de los 30 desaparecieron. Para mí la razón es muy sencilla y es que como estoy menos expuesto a situaciones de stress el cuerpo funciona mejor. O mejor dicho normal.

Mi consejo en general, independiente de si le gusta o no el campo pero definitivamente no se siente satisfecho viviendo como empleado en la ciudad, es que busque un estilo de vida donde su cuerpo metabolice bien y le sobre tiempo. Con esos dos puntos resueltos lo demás depende de usted, de cómo quiere aprender y de qué forma se siente feliz. Recuerde que el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

A %d blogueros les gusta esto: