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El animalista moderno, una parte de arrogancia por dos de viralidad

En: Opinión

El animalista moderno es una conclusión a la que he llegado después de dos incidentes en los cuales alguien en su deseo de «darle un mejor futuro al animalito» termina causando una serie de estragos por no tomarse la molestia de preguntar primero.

Y bueno, este artículo hace parte de la serie «Revoluciones colectivas» que anunciamos el año pasado aunque la verdad no imaginé que iba a comenzar hablando sobre cómo las personas -en especial las más jóvenes- se están volviendo menos responsables por pensar que su mayor esfuerzo termina con una publicación en redes sociales y su mayor recompensa es que su publicación se vuelva viral.

Ser un animalista hoy en día es encontrarse un perrito en la calle, emitir un juicio personal sobre su estado, tomarle una foto y regalárselo a la primera persona que quiera aceptarlo.

Obvio tengo «un poquito» de mal genio porque es exactamente lo que acaba de ocurrir: Uno de nuestros perritos (la más chiquita) se fue a dar una vuelta a los Termales, una persona la vió y sin preguntarle a nadie si tiene dueño o algo se la fue llevando, y se la regaló a una señora que ni siquiera vive en el pueblo.

Ahora resulta que «salimos a deber» como dicen por acá, y encima de eso la que se encontró la perrita está convencida de que está obrando bien.

Porque ese es esencialmente el problema: Pensar que estamos haciendo bien mientras la cagamos al mismo tiempo. Ya nos pasó hace unos años la misma historia con el perrito de una vecina y la arrogancia de quien se la llevó terminó con una niña de 10 años descorazonada (la dueña del perrito), una amistad de años en la basura y el futuro de la perrita incierto porque después de interceder la devolvieron en un Uber, esterilizada, sin consentimiento de sus dueños.

En serio, es más fácil preguntarle a la señora de la tienda si un perro tiene dueño que hacerle un foto estudio y publicarlo en redes para demostrarle al mundo nuestro profundo compromiso con los animales al rescatarlos de una situación difícil que realmente no existe. Afortunadamente nuestra perrita (Que se llama Chiqui, no «Pitu» como la bautizó la supuesta héroe) está sana y salva, y seguramente volverá pronto.

Sobra decir que ya mandamos a hacer collares para todos los perros.

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