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Aprendiendo a pilotear: El Cinismo

En: Opinión

Y bueno, este Blog entre otras es una forma práctica de organizar y compartir ideas de manera responsable.

Resulta que desde hace unos años cuando comencé a conversar sobre lo interesante de diseñar estilos alternativos de vida y trabajo, noté que pasaban dos cosas: Una, que terminaba «empaquetando» algunos temas debido a que se volvían recurrentes cuando nos reuníamos a tomar cerveza por ahí (cosas como quejarse del tiempo, del trabajo, del sistema digestivo, etc.) con lo cual se repetían algunas frases y conclusiones; y dos, que los temas por lo general no llegaban a ninguna parte. Finalmente no se trataba de arreglar el país ni nada de eso, pero pues como que todos estos temas quedaban «flotando» sin intención de requerir una solución aparente. Nosotros (Tatiana y yo) nos quedábamos profundizando en estos temas después de las Tertulias y fue por eso que terminamos rompiendo el molde.

Con el tiempo estas conversaciones se parecen más a Monóglogos, a raíz de la cantidad de preguntas que surgen alrededor y el interés de las personas que nos acompañan de eventualmente romper su propio molde. Sin embargo he notado que en lo personal, estas «charlas» han adquirido un tono muy particular, que no sé qué tan incómodo le pueda sonar a quien la escuche pero sin duda le resulta desconcertante. Ese tono que no había podido definir me lo terminó descifrando mi prima, que vino el fin de semana a acampar. En una de esas va y me dice «Eres como cínico, en el buen sentido de la palabra», y yo pensaba «¿será que esta vaina de pensar distinto me está volviendo arrogante y me estoy creyendo bajado de quién sabe dónde?».

Pero como mi prima tiene un excelente manejo de las palabras y una postura inspiradora frente a la vida y su entorno, me puse a indagar un poco sobre el cinismo y claro, mi prima tiene razón.

Eso se lo inventaron hace tiempo, casi 3000 años atrás. Resulta que existió un tipo llamado Diógenes de Sinope que por su perspectiva particular de la vida y la sociedad (en la antigua Grecia) terminó siendo el ícono del cinismo (que es una doctrina filosófica que terminó fundando otro tipo, Antístenes). La doctrina tiene como característica un rechazo al convencionalismo y la moral comúnmente admitida -lo cual la verdad no es que me importe mucho- pero tiene algo en lo que sí me ví identificado en mi discurso, y es que en ocasiones las respuestas se vuelven tan simples que desconciertan y en ocasiones puede que ofendan, precisamente porque sin querer se llega a conclusiones de preguntas incómodas. Algo así como:

  • Pregunta: «Es que X persona no quiere trabajar y no hace sino gastarse lo que consigue en fiesta. ¿Qué se puede hacer con él?»
    Respuesta: Si esa persona quiere cambiar su estilo de vida lo miramos, pero si no quiere no hay nada qué hacer.
  • Pregunta:«Es que me acaban de poner más trabajo pero me pagan lo mismo, ¿será que voy y les exijo un aumento?»
    Respuesta: Si usted ya demostró que pudo manejar la responsabilidad que le acaban de dar, pídalo. De lo contrario va a hacer el oso.
Ahora, si eso es cinismo entiendo es que es un «defecto(?)» que se mueve entre el sarcasmo y la irreverencia, y que alguna vez fue prudencia.

Lo que pasa es que el impacto de sus defectos no lo juzga usted, lo hacen los demás. Usted no quiere voluntariamente portarse como una persona envidiosa (y menos reconocerlo) pero los demás sí que lo van a reconocer y de pronto se lo harán saber; con lo cual si la gente que lo rodea funciona como una especie de combustible para sus defectos, se le hará la vida muchísimo más cómoda si logra que sus defectos sean productivos. A mi desde chiquito me han dicho que soy terco por ejemplo, y gracias a eso es que pude tomar decisiones radicales respecto a mi vida, que me parece muy productivo. Pero también al reconocer que soy terco abro la posibilidad de anticipar las consecuencias de equivocarme, para que no venga el típico sabio que dice «¿si vé? eso le pasa por terco».

Y una vez más algo tan cotidiano como el concepto de Defecto tiende a cambiar de sentido para algo menos incómodo, al igual que me pasó el otro día con el fracaso.

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