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Autoredención, o sentirnos orgullosos de lo bien que pensamos (así no hagamos nada al respecto)

En: Opinión

La autoredención es incluso un método para relajar la mente y el cuerpo con el fin de activar y equilibrar una cantidad de aspectos físicos y espirituales, según lo que encontré sobre el tema en Internet de la mano de un «sacerdote católico sin existimos ni complejos».

Me llamó la atención el tema porque el entorno influye bastante en la capacidad de autoredimirse, que en lo personal lo defino como el placer o satisfacción de ser el autor de conclusiones muy interesantes y profundas sobre la vida; algo así como decir una frase profunda (y ojalá propia) con la mirada fija en la fogata y que las personas alrededor asienten con la cabeza con cara de «uy, este man la tiene clarísima».

O cuando hace reflexiones sobre la naturaleza, la igualdad o el consumismo. En el fondo usted se siente orgulloso (y sorprendido) de tener una mente tan abierta, y da la sensación de pertenecer a un grupo selecto y evolucionado de la especie humana.

La autoredención ayuda a elaborar su propia filosofía, algo así como un shot de Tequila para el ego.

«Si la filosofía y la reflexión son herramientas para la autoredención, las redes sociales son algo así como la antigua Grecia.»
Lo cual es fundamental para reconocer su propia identidad. La autoredención es necesaria para reconocer que la vida requiere espacios y momentos de reflexión cuando nos cansamos de la rutina.

Las redes sociales por ejemplo son un escenario óptimo para autoredimirse, ya que podemos compartir fácilmente nuestro lado sensible, espiritual y consciente del mundo y sus contrastes con un par de clicks. De lo contrario no compartiríamos aquellas frases célebres de Ghandi, Bob Marley y John Lennon si no quisiéramos que alguien lo viera, para que de pronto digan «me encontré una frase buenísima el otro día en el muro de fulanito».

Una pregunta que siempre me hago sobre la autoredención es si las personas quisieran en algún momento darle continuidad a esas reflexiones tan profundas, o ser consecuentes con esas conclusiones tan contundentes.

Hice el ejercicio personal hace un tiempo cuando me dijeron «ignorante» y «cínico» el mismo día. Estos adjetivos suelen tomarse como ofensivos, pero al considerar de quién estaba recibiendo tales apreciaciones quise autoredimirme en vez de defenderme.

El resultado fue bien interesante porque me dijeron ignorante por referirme equivocadamente a las especies nativas de la finca como «maleza»; desde aquel entonces me dediqué a aprender sobre el tema y comencé a interesarme por la recuperación de los suelos y la importancia de los páramos.

Sobre el cinismo tuve que escribir un artículo dedicado a este tema porque no me quedaba claro por qué me lo decía. En conclusión, autoredimirse nos permite encontrar respuestas y darle una forma cada vez más nítida a nuestro criterio y controlar nuestra moral; depende de cada quien ser consecuente con lo que dice, o en otras palabras aplicar lo que profesa.

Por algo es tan famosa la frase de «dime de qué presumes y te diré de qué careces».

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