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Comprar local, la solución «en las narices»

En: Opinión

Comprar local parece uno de estos consejos solidarios que dan para apoyar a las pobres familias campesinas que están trabajando al doble para poder abastecer a la frágil, culta y sofisticada población de la ciudad.

Lo cual no es preciso por ningún lado excepto por el hecho de que las ciudades son mucho más frágiles de lo que se cree, y solo basta un pequeño desequilibrio para provocar un caos masivo, tema que da para escribir otro artículo (por no decir un libro).

Comprar local es realmente una estrategia para sobrevivir cómodamente a esta década que viene, que por cierto parece que va a estar como jodida

Y suena dramático, pero es que el mierdero del coronavirus es de carácter global y por ende sus consecuencias. Una cosa que está sucediendo y que posiblemente se repetirá hasta recuperar cierto control sobre la situación es la siguiente:

«Un país cualquiera decide cerrar (o le cierran) todas sus fronteras para evitar una emergencia sanitaria mayor, de manera que debe abastecerse en la medida de lo posible por sí mismo».

Entonces en un par de meses se empieza a notar el desabastecimiento de algunos productos porque ya no los están importando, los que quedan disponibles estarán ridículamente caros y los habrá comprado alguien que los pueda pagar. Pero en este país a diferencia de muchos otros tenemos una ventaja y es una abundancia de recursos, tanto que abastecemos a otros países, los desperdiciamos como si fueran eternos y aún así no nos faltan.

Es como si tuviéramos la solución a una crisis económica en nuestras narices y estuviéramos esperando a que nos lo digan en las noticias para empezar a actuar

Comprar local | Aldeanos Digitales

Sabias Montañeras

Comprar local es el comienzo y el final de una cadena de esfuerzos y beneficios que fortalece única y exclusivamente a los colombianos. Tan sencillo como buscar la tienda o el Fruver más cercano y comprarle las frutas y verduras al «Veci» involucra procesos como la cosecha, el acopio y la distribución desde el campo a la ciudad y todos (o el 95% de los que trabajan en este proceso) somos colombianos independientes, o con una pequeña empresa local. A diferencia de un supermercado grandote, donde lo único colombiano son sus empleados.

Comprar local podría ser una buena terapia contra una arrogancia heredada

Parece que comprar en estanterías eternas, con las frutas perfectas y productos con marcas impronunciables nos dan cierto status social porque si podemos comprar ahí sin que nos duela significa que estamos trabajando duro y ganando bien. Pero eso es mentira -no me van a decir que no lo han notado- porque las raíces de nuestro país siempre ha sido del campo, con vegetales chiquitos y sabrosos, de esos que alimentan y curan enfermedades.

Lo que pasa es que de pronto nos da oso ir al fruver o a una plaza de mercado porque «ya no estamos para eso» o porque si bien nos tocó hacer mandados a la tienda de niños, nos preocupa el hecho de que en la tienda no encontramos esa mostaza de Dijon con la que seguramente no podríamos vivir.

Comprar local es la mejor manera de dar trabajo y retribuir con nuestro trabajo a las personas que por necesidad, gusto o vocación decidieron convertir el campo en los alimentos que nos permitirán sobrellevar muy bien estos momentos de peloteras y crisis, personas que si no son sus parientes cercanos al menos le recordarán siempre quién es y de dónde viene.

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