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Decrecimiento: Si quiere hacer algo por el mundo hágalo bien

En: Opinión

Esto de ser vegetariano, hacer yoga y estar «conectado con el universo» viviendo en un cajón de concreto en la mitad de una ciudad diseñada para escurrir hasta la última gota de tiempo vital es muy, muy jodido. O digamos raro más bien, porque jodido es una calificación que le otorga la persona que lo vive. Afortundamente no practico ni predico ninguna de las tres, al igual que muchas otras cosas que debería podría estar haciendo para que un blog como estos me haga una entrevista y me certifique como Neocampesino.

Porque se me hace que en gran parte toda esta revolución y cambio de conciencia frente a nuestro modo de vivir tiene mucho de moda. Una moda buena, obviamente porque invita a explorar una serie de alternativas para contrarestar un ritmo desproporcionado de «progreso» que a gran escala está comprometiendo los recursos naturales y todo eso, pero moda al fin y al cabo en el sentido que funciona como una especie de capa sobre un estilo de vida tradicional, algo así como «tengo un trabajo de mierda, gasto una buena parte de mi día en trancones, no tengo tiempo para compartir con la gente que quiero…pero hago yoga para no perder el equilibrio mental y como saludable porque me hago bien y le hago bien al planeta». Venga le explico un par de cositas:

1. No se trata de consumo, se trata de industrialización

Es totalmente cierto y válido que un esfuerzo colectivo genera cambios contundentes. Si usted deja de comer carne porque siente que de esa manera van a sacrificar menos vacas puede que sea cierto, pero la industria ya ha tomado medidas para que su renuncia al mercado de la carne tenga un impacto mínimo en sus ventas mensuales. Ahora, si usted, su vecino y el edificio entero dejan de comer carne es posible que la industria (o al menos el vecino del supermercado) lo note y diseñe una estrategia para traer de vuelta a sus consumidores de carne descarriados; le baja el precio a la carne y el edificio vuelve a sus hábitos tradicionales.

Porque no se trata de consumir o no, se trata de mantener funcionando una industria que funciona como un motor inmenso que utiliza como combustible las vacas y nuestro presupuesto.

2. A usted le interesa el medio ambiente, pero la forma en que hace uso de él no lo demuestra

Usted ahorra agua, energía eléctrica y separa lo reciclable de lo no reciclabe, que como con la carne, si en su casa o edificio siguen los mismos hábitos seguramente se notará un cambio positivo en términos de costos y eficiencia; pero sus residuos van a terminar en la misma montaña de basura rodeada de cerdos mutantes en la que se amontona la basura de millones de personas que no son tan conscientes como usted; cuando usted abre el grifo para lavar el carro (o si lo lleva a que se lo laven, da igual) está sacando agua de un embalse gigante que se alimenta por una serie de ríos y quebradas que desviaron del área rural cercana a su ciudad.

De manera que la solución, más que abrir menos el grifo está en no generar indicadores que lleven a la industria a explotar nuevas fuentes hídricas en función de garantizar el «progreso y bienestar» de la población.

No tengo nada que decir del yoga porque nunca lo he practicado, pero entiendo que se trata sobre todo de aprender a respirar (obviamente es un tema muchísimo más profundo).

Entendiendo el Decrecimiento

Este es un término reciente que explica a grandes rasgos por qué es tan importante apostarle a soluciones de vida sostenibles, que en la práctica viene a ser más bien como cuando uno es niño que empieza a crecer y ya no le queda la ropa; hagan de cuenta que por absurdo que suene uno no parara de crecer y por consiguiente tocara comprar siempre ropa nueva hasta el punto que no alcanzara la tela para cubrirse. En efecto eso es lo que está sucediendo con un niño gigante que se llama Humanidad, del cual somos parte, y nos estamos dando cuenta de que no hay tanta tela para cortar, pero como hay un sistema tan grande dedicado a producir tela -o salgánomos de la analogía, recursos de todo tipo- pues piensan en soluciones para demasiada gente y eso implica dos cosas: Producir de manera industrial y crear un balance entre la calidad y el precio del producto final.

Eso explica por qué la ganadería por ejemplo fue una actividad sostenible -y necesaria para alimentar a una especie predominantemente carnívora- durante siglos pero ahora está en el foco de miles de críticas con argumentos muy razonables, que van desde nuestra indiferencia al sacrificar a las pobres vaquitas que no le han hecho nada a nadie hasta las potenciales epidemias que amenazan a la humanidad por mantener a las vacas, pollos y cualquier animal de consumo humano en condiciones que distan por mucho de una vida digna.

Sin embargo como que nadie menciona el hecho de que todo esto es producto de un sistema, que a cambio de una módica suma ofrece el servicio de poner un pedazo de carne literalmente en una bandeja en el supermercado a una población inmensa que definitivamente no tendrá pensado criar ni consumir la carne de sus propios animales. El decrecimiento invita a recordarnos que antes la cosa funcionaba mejor porque cada quien se hacía responsable de su propio consumo porque entre otras era capaz de producir sus propios productos incluyendo carne, verduras y lácteos. Claro, ese antes fue hace más de 500 años y no era propiamente mejor porque así como las comunidades vivían en un modelo autosostenible pues también los mataban y quemaban pueblos enteros por quién sabe qué pataleta de un rey al que no le dieron correa de chiquito, pero ese es otro tema.

Ahora, ¿por qué este punto es importante? porque si el mundo diera un revolcón épico de conciencia al mejor estilo de la utopía de cualquier animalista de la nueva era y nos volviéramos vegetarianos simplemente nos fregamos. Y bueno, habría una millonada de vacas, pollos y cerdos envejeciendo libres y dignos pero la mayoría de tierra verde que aún podemos apreciar estaría destinada única y exclusivamente para la siembra, que si se ponen a calcular cuánta agua y métodos de control de plagas se necesitaría para sostener esta dieta es muchísimo peor que el supuesto problema (comer carne).

¿Cómo reducir la industrialización?

Honestamente no lo sé ni me interesa mucho pero sí entiendo que el estilo de vida que hemos llevado con Tatiana en los últimos años ha hecho que consumamos menos, vivamos mejor y de alguna manera no dependamos de productos y servicios industrializados como lo hacíamos antes, pero eso no quiere decir ni que estemos fuera del sistema ni que estemos haciendo del mundo un lugar mejor; eso es puro cliché de Hippe Wannabe, y los que han venido con ese discurso a visitarnos por lo general son los que no se quedan a acampar porque de pronto les hace frío en la madrugada.

Reducir la industrialización podría ser un efecto colectivo que haga que los grandes productores digan «los indicadores del primer semestre del 2016 evidencian que no es rentable producir X mil toneladas de Y cosa porque la tendencia de Z región es dejar de consumirlo». Y eso no se logra posteando fotos de galpones atestados y vacas resignadas en Facebook, ni con un tablero en Pinterest lleno de ideas de decoración con materiales reutilizados que nunca van a hacer, se logra haciendo y dejando de hacer. Si le gusta tanto el tema de producir su propia comida orgánica pues busque una ventana donde entre buen sol, ponga una botella plástica cortada con tierrita, agua y semillas y verá que con el tiempo nadie excepto usted va a notarlo, pero ya no tiene que comprar ensalada. Ahora sí piense cómo sería si su edificio, su barrio o la ciudad en la que vive hiciera lo mismo: El efecto colectivo le mostraría a los productores que en vez de producir verduras con cáscara antibiótica sale mejor producir fertilizante, y ahí sí podemos conversar -con resultados reales- de sostenibilidad.

Con la electricidad, el agua y el gas pasa lo mismo, solo que mientras la factura llegue bajita o podamos pagarla como que no importa tanto. Digo pagarla, porque para alimentar la red eléctrica, gas y acueducto de su casa ya hicieron hasta pa’ vender en las montañas más cercanas a su ciudad y lo peor es que usted se puede ir a pelearle a las multinacionales por el inmenso daño ambiental que están provocando, pero lo sacan a bolillo porque mientras haya demanda, el objetivo y el negocio es encontrar la forma de satisfacerla y eso no depende de las empresas, depende de quien consume los productos y servicios que ofrecen.

«¿Ah y entonces cómo hago? este man tiene es como huevo», pensarán. Y no tengo cómo decirles que la tenemos clara porque tenemos energía solar, o porque tenemos un biodigestor que convierte el popó en gas metano y que le da energía a la casa porque no es cierto. Lo que pasa es que alternativas sí hay y están pensadas precisamente en hacernos menos dependientes de la industrialización porque el decrecimiento entre otras busca en fusionar lo mejor del estilo de vida de la humanidad previa a la revolución industrial con la tecnología que tenemos actualmente con el fin de sacarla del estadio, pero nosotros, los que estamos dispuestos e interesados en hacer pequeños cambios en nuestra vida moderna para darle continuidad en el futuro; o esperamos a que una empresa nos ofrezca la solución, pero por lo general nos va a costar una buena parte de nuestra vida trabajando para pagarla en cuotas.

Y para cerrar, debo admitir que me raya pensar en el medio ambiente y me aburre filosofar sobre el universo y sus derivados pero al mismo tiempo el 90% de los resíduos que producimos se reutiliza, se renueva y sirve como fertilizante de una huerta de cilantro gigante que tenemos debajo de la casa. Por eso digo que si quiere hacer algo por el mundo hágalo bien.

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