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Cuando el mayor obstáculo para el emprendimiento puede ser usted mismo

En: La Guía

Con los años dejamos de querer estar en la oficina y se vuelve un reto poder salir de la oficina a una hora decente, al menos una hora donde haya luz del sol.  De repente tenemos el carro, los gadgets, nuestro álbum de vacaciones fuera del país debidamente seleccionado y etiquetado cada año; y de repente, de un grupo de personas que logran mantener este estilo de vida emerge un pequeño puñado de individuos a quienes todo esta dinámica de esfuerzo-recompensa no logra satisfacer su perspectiva de libertad, tranquilidad o felicidad por más bien que les vaya en su carrera y entran en una profunda crisis vocacional (conocimos y asistimos por lo menos 10 casos).  De este pequeño grupo es probable que 1 persona decida hacer algo al respecto, las demás por lo general terminan con buenos sueldos y problemas de salud.

Si usted es o quiere ser ese 1 entre n historias de «puedo tener todo lo que quiero pero por más que tengo más vacío me siento», entenderá que lo primero que puede experimentar al salirse del carril corporativo y manejar su propio tren no es más que lo inverso a lo que venía habituado:

  • Ahora usted es el CEO de su propia empresa.
  • Ahora usted es el cliente que invierte y aprueba todo lo que usted mismo se presente.
  • Todos los días serán fin de semana si usted lo decide.
  • No más sueldo a final de mes, ni hablar de la prima.

Y por otro lado usted se enfrentará a ese imaginario de jefes, colegas y clientes con los que ha tenido que convivir por años, y así no lo crea hay mucho de estas figuras que usted mismo ha adoptado y está a punto de experimentarlas al mirarse al espejo.  Como puede notar todos estos obstáculos nacen de usted mismo, con lo cual compartimos nuestra experiencia de emprendimiento a manera de referencia ya que lo vivimos y hasta hace poco superamos, encontrando que el mayor obstáculo era una especie de auto-sabotaje:

1. No sabrá qué hacer con el tiempo ahora que es todo suyo

Años levantándose a las 6 para estar en la oficina a las 9, salir a las 11pm para dormir un poco y volver al otro día a las 8 «descansado».  Una hora promedio de la casa al trabajo y viceversa.  ¿Se ha preguntado qué pasa si estos tediosos hábitos desaparecen? Pues que no hay razón para madrugar o para salir de la casa, pero sí habrá razones para trasnochar en su propia cama, ya que el tiempo le sobra, se rebosa y no sabrá qué hacer con él.  Lo más interesante de este cambio en la rutina -o más bien en la eliminación de la misma- es que su cabeza empieza a pensar sin afán porque ya no le están comprando el tiempo que utilizaba para pensar en asuntos laborales.  Este cambio es un poco denso a veces, ya que comienza a cuestionarse hacia atrás (¿Por qué renuncié y me puse en estas? ¿Para qué estudié esta carrera?) cuando debería ser hacia adelante, ya que depende de usted y de nadie más empezar a escribir su futuro.  Aquí es donde preguntas como «¿Y ahora qué hago?» se hacen interesantes porque en realidad demandan que usted haga algo más allá de angustiarse.  Curiosamente una de las preguntas que me hice a los pocos días de comenzar con nuestro proyecto de emprendimiento fue «¿Cómo puedo hacer lo mismo pero sin complicarme tanto?» y desde ahí la pregunta previa de ahora qué hago se hizo cada vez menos necesaria.

2. No sabrá por dónde empezar

Sucede que en los intermedios laborales, de esos donde se toma uno un tinto o va y se fuma un cigarrillo comienza a compartir historias e ideas con otras personas que trabajan con usted.  En esas pequeñas sesiones creativas suceden cosas importantes como los equipos de micro, los paseos en bicicleta el fin de semana o en ocasiones encontramos a esa persona que nos ha de acompañar el resto de nuestras vidas.  Es ahí donde también se nos ocurre sacarle un tiempito a la guitarra vieja que hace años no tocamos o a dedicarle un fin de semana al hobbie que tenemos descuidado desde hace rato, y justo ahí tenemos que volver a nuestro puesto de trabajo porque no hay duda que el correo que acaba de llegar es más importante o al menos prioritario.  Esto no es sarcasmo, es literalmente más importante y prioritario porque nos están pagando para que así sea, sin embargo queda uno fantaseando con eso que quisiera hacer cuando tenga tiempo.  Irónicamente, cuando usted cuenta con todo el tiempo del mundo resulta que no sabe por dónde comenzar, y es normal porque antes no tenía que preocuparse por eso y siempre había algo qué hacer o alguien para indicarle que lo haga.  De los muchos proyectos que pensamos realizar cuando estábamos en el proceso de transición entre ser empleados a independientes hemos podido realizar la gran mayoría, pero curiosamente aquellos que dijimos que íbamos a hacer cuando tuviéramos control sobre nuestro tiempo todavía están en desarrollo, básicamente porque independientes no significa estar pensionados, lo que nos lleva al siguiente punto.

3. El emprendimiento y el miedo son paredes que se construyen y desmontan ladrillo a ladrillo

Muchas reflexiones y decisiones sobre su vida una vez decide emprender girarán en torno al futuro inmediato, casi literalmente a cómo va a transcurrir el día de mañana ahora que no hay instrucciones ni horarios a cumplir.  El fin de mes deja de ser una suma de fechas límite de pago y se convierte en todo un acto de supervivencia porque claro, su vida tiende a cambiar pero para sus acreedores (bancos, servicios públicos, arriendo, etc.) no existe un tratamiento especial para estos casos.  Si usted deja de cumplir con sus obligaciones le cortan el servicio o envían su caso a una agencia de cobranzas y por más que se prepare, la vida después del mundo corporativo está llena de pequeños imprevistos que cuestan, y al no recibir un ingreso periódico comienzan a pesar.  Sin embargo todo el stress que produce esta situación está más atado al miedo de enfrentar un cuadro de inestabilidad económica que, comparado con todo lo bueno que ahora sí va a poder hacer con su proyecto de emprendimiento tiende a estabilizarse.  Lo que pasa es que a veces las cosas se demoran más de lo que uno quisiera y esos pequeños miedos juntos pueden llevarlo a tomar decisiones apresuradas o por qué no decirlo, torpes.   

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