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Y esto es lo que pasa con los Youtubers

En: Opinión

Llevaba un par de horas tratando de resolver tres líneas de código para mi próximo juego, y como no lo logré tenía las siguientes alternativas: O me ponía a jugar Transformers (el videojuego) o me sentaba a escribir un rato.

Como era de esperarse, después de dos horas de mandar Decepticons a latonería decidí sentarme a escribir, y mientras revisaba en mi «opinoteca» algún tema de interés me topé con este post de las 2 orillas sobre los Youtubers que me cayó como copita de aguardiente en un tinto cargado.

¿De dónde salieron los Youtubers y por qué?

«Vale aclarar que mi apreciación es bastante superficial porque ni leo al uno ni veo al otro, pero es suficiente para entender la razón de tanta pelotera.»
Sucede que la información, o más bien el contenido que se produce en Internet es monetizable, es decir que si usted crea un contenido de interés en el canal adecuado (Youtube, Instagram, Facebook, blogs, etc.) y logra que un grupo grande de personas se interesen por este contenido, el canal lo va a recompensar por esta audiencia. Adicionalmente la actividad (los Likes, suscripciones al canal, Tweets o esos comentarios venenosos bajo seudónimos para taparse el rabo de paja) van a contribuir a que el vídeo o el artículo en cuestión sea más relevante, salga en los primeros lugares de los resultados de búsqueda y por ende los anunciantes quieran pautar ahí.

De ahí que en los últimos años comiencen a destacarse una serie de celebridades modernas que adquieren su nombre y fama gracias a Internet, de los cuales los Youtubers– cuyo nombre describe claramente el origen de su fama- han creado una serie de opiniones encontradas por su reciente «integración» a la literatura convencional, sea porque los Youtubers publican libros o porque los escritores se vuelven Youtubers. Vale aclarar que mi apreciación es bastante superficial porque ni leo al uno ni veo al otro, pero es suficiente para entender la razón de tanta pelotera.

Se me hace que este conflicto académico-generacional tiene dos componentes de peso: Uno, que Gabriel García Márquez no alcanzó a ser Youtuber y dos, que el ladrón juzga por su condición.

El primero es porque en el artículo en cuestión, menciona la autora que Chúpate el Perro, el libro escrito por el Youtuber Germán Garmendia le gustó más que Cien Años de Soledad (que como no me he leído ninguno no puedo comparar) y desató la indignación de los comentaristas. Yo recuerdo haber leído muchísimo toda mi vida y todavía lo hago, solo que no precisamente con libros; y entiendo el ritual de sentarse en un lugar tranquilo a disfrutar el olor a popó de polilla que acompaña las páginas de los clásicos de la literatura universal, así como los argumentos románticos de los lectores «puristas», por así decirlo. Solo que ahí sí vecino, si me viene a decir que La Metamorfosis de Kafka es una obra maestra de la ciencia ficción y bla bla bla, pues pásese primero Fallout 3 para que con los mismos argumentos podamos enfocarnos en la historia, no en el formato.

En serio, ¿Y si a Gabo le hubiera dado por volverse Youtuber? Obviamente no iba a salir echándose huevos en la cabeza ni haciendo imitaciones de su mamá de mal genio usando la camisa como peluca, pero sin duda dejaría un camino menos accidentado en el proceso de «evolución» de lo que conocemos como literatura. Se me hace que gran parte de la crítica de Literatos vs. Youtubers es que la misma dinámica cultural ha propuesto zonas francas (como la Feria del Libro) donde se juntan ambos formatos, pero al usar el mismo concepto (literatura) sin tener claros sus límites, pues cada quien lo defiende a su modo, con todo el sarcasmo y resentimiento que como colombianos le sabemos imprimir. Y mala ortografía.

Ahora, cuando criticamos los contenidos de los Youtubers quizás nos cuesta reconocer que más que pendejos, son consecuentes.

Me recordó un comentario que hicieron en El Siguiente Programa, que cuando no existían los Youtubers la crítica era similar pero en los 90 se limitaba a la cantaleta de los papás o los abuelos. Decía cualquiera de los dos (Martín o Santiago): «Es que la televisión es como una radiografía de la idiosincrasia del país», apreciación que después de 20 años sigue teniendo sentido. El asunto con Internet queridos vecinos es que a diferencia de la televisión y otros medios, uno busca los contenidos, y si un Youtuber publica algo que parece no tener nada que aportar pues hay un promedio de 2 a 3 millones de personas por vídeo que voluntariamente lo ven, lo siguen y admiran, lo cual me hace pensar que si alguien está preocupado por las burradas que dice el Youtuber mejor preocúpese por una audiencia gigante y creciente que no tiene interés en subir la vara.

No es la más fuerte de las especies la que sobrevive y tampoco la más inteligente. Sobrevive aquella que más se adapta al cambio.

Charles Darwin
Internet ha evolucionado de manera sorprendente desde sus inicios a finales de los 80, adaptándose a los hábitos, patrones y necesidades de sus usuarios, paralelo al desarrollo de la tecnología. Con lo cual sería ridículo pensar que las generaciones más recientes deban consumir la información de la misma manera que quienes tenemos más de treinta lo hacíamos, porque hoy en día Internet es una fuente información a la que accedemos de manera simultánea y que consumimos de acuerdo a su popularidad. ¿O me van a decir que mucho de lo que damos por cierto no es aquello que nos mandan por Facebook y Whatsapp, o porque fue el primer resultado que apareció en Google?.

Y es por la misma adaptación de nosotros a la información que existen Youtubers, Influencers, Millenials y cuanto término se pueda publicar en una tesis de postgrado; porque la relación entre los contenidos, las reacciones de quienes los consumen, sus seguidores, detractores y seguidores de detractores, al final del ejercicio son los pequeños grandes aportes que los motivan a seguir produciendo y a ganarse la papita.

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