Aldeanos Digitales - Vivir y trabajar fuera de la ciudad

El exitoso fracaso de Adioscity

En: Opinión

A lo mejor se toparon en las redes sociales hace unas semanas con un tal Adioscity, un evento realizado por Aldeanos Digitales donde buscamos compartir lo que hemos aprendido viviendo y trabajando fuera de la ciudad, con el fin de inspirar y ayudar a otras personas a realizar proyectos similares. El evento fue un éxito porque sacamos varias ideas de negocio «off the grid» que ya estamos desarrollando y que verán al aire en los próximos meses, además hicimos tremendo asado, fogata, y tomamos vino y guaro hasta las 4am. Por otro lado no asistió el público que esperábamos, no recuperamos nada de lo que invertimos y el tallerista invitado se fue para el amazonas el día del evento. ¿Debo suponer entonces que fue un fracaso?

Esta es la historia de cómo Adioscity comienza siendo técnicamente un fracaso pero en la práctica se convirtió en un capital.

«Faltando una semana para el evento volvió nuestro famoso trotamundos, con la expectativa de que iba a ser un gran evento.»
Vivimos en una finca a hora y media de Bogotá y tenemos un pequeño negocio familiar de alquiler de cabañas campestres, y la mayor parte de nuestro trabajo se centra en promoverlas y ofrecer una grata experiencia a nuestros huéspedes. Un día cualquiera nos visitaron unos amigos y entre ellos se encontraba un ruso aventurero que ha recorrido más de 120 países y después de escuchar algunas de sus historias, se me ocurrió que sería chévere hacerle una entrevista para nuestra sección Relatos de Aldeanos.

Y en una de tantas conversaciones se le ocurre a este tipo que podríamos hacer un evento al estilo «TEDx» pero campestre y mucho más pequeño para compartir experiencias, desde su vida como un nómada que se ha vuelto famoso en las redes sociales con sus aventuras, y nosotros como una pareja joven que construyó su propia casa y vive en el campo trabajando en el medio digital. Pensé yo, «Esto es como un camping para Millenials» y me pareció interesante.

De ahí nace Adioscity.  Nos pusimos a trabajar en el evento y en dos días organizamos todo.  Desde alojamiento y comida hasta el sitio web y la estrategia de promoción en redes sociales. Nuestro partner extranjero asumió el reto de conseguir los asistentes al evento, y en esos términos partió con su mochila y un letrero de cartón que decía «Llévame a Bogotá» o algo así. Lo dejé en la carretera que va para La Calera.

Como colombiano y publicista, puedo decir que convencer a la gente a que invierta en conocimiento sin un certificado, es difícil. Yo le advertí al ruso sobre eso, y que le faltaba conocer un poco mejor la cultura local (llevaba dos días en el país cuando nos conocimos) para vender este tipo de experiencias, que finalmente no supe cuánto estaba cobrando pero imagino que fue bastante porque nadie se inscribió. Así que faltando una semana para el evento volvió nuestro famoso trotamundos, y acá en la finca teníamos la expectativa de que iba a ser un gran evento.

Pues el ruso no salió con nada.

Esto se lo van a decir en diferentes momentos de su vida, particularmente cuando la caga, de la mano de alguien que sin importar si es para hacerlo sentir mejor o peor, se compadece de usted:

«No le pare bolas que no es para tanto. Deje así que ya pasó. Eso le pasa por ser TAN buena gente». Todos esos argumentos son ciertos y no se trata de volverse una persona desconfiada o intransigente para evitar que ese tipo de cosas sucedan de nuevo.  Es más como ejercitar mejor la intuición para saber qué tipo de iniciativas son viables basado en las personas con las que se va a trabajar. Finalmente, el fracaso se manifiesta como una especie de guayabo cuando a uno se le va la mano con la frustración, y al igual que el licor el fracaso es sabroso cuando se toma con medida.

Superado el malestar del evidente fracaso, y mientras el ruso viajaba a Leticia rumbo a su próximo súper proyecto, dimos inicio oficial a Adioscity.

Descubrimos que Adioscity, más que un evento era una conclusión a la que llegábamos cada vez que se nos ocurría un proyecto realizable, sostenible y que no dependiera de la ciudad.

Por cierto, descubrí también que no me gustaría cobrar por hablar carreta. El todo es que llegaron varios amigos que no veíamos hace rato, y como no había técnicamente un evento (es decir personas que atender y un horario de actividades) hicimos lo que hace un grupo de amigos un sábado por la noche con una fogata: hacer una vaca, comprar carne, licor y armar parche. Sin duda mucho de lo que hablamos iba a ser parte del taller, y tenía que serlo porque son nuestras experiencias de vida como ex-empleados corporativos, y como sea que nos llamemos ahora. Lo interesante es que la combinación entre esas cosas que nuestros amigos quieren hacer en algún momento de su vida, y nuestra perspectiva respecto a lo que ya vivimos, de alguna manera cerraba la conversación con un «claro, eso es como un Adioscity». Entonces sí hubo evento, solo que se dio naturalmente.

A manera de «memorias» y sin haber hablado propiamente del tema (excepto por algunos madrazos), esto es lo que convirtió el fracaso en un capital valioso para lo que estamos haciendo hoy en día:

  • Entender el fracaso como concepto es más cómodo que verlo como una amenaza. El fracaso es lo que usted obtiene de manera inevitable -y gratuita- cuando intenta hacer algo y no tiene la experiencia para intuir hacia dónde va.
  • Fracasar es bastante seguro cuando se identifican y minimizan los riesgos, gastos e inversiones que requiere su proyecto antes de ejecutarlo.
  • Fracasar es muy interesante cuando uno se divierte en el camino.
  • Si usted tiene esa idea fenomenal con la que «quiere dejar de ser esclavo» o «quiere salir de pobre», aprenda a fracasar. De lo contrario el miedo al fracaso no le permitirá convertir esa idea en realidad.
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