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Así fue el IV Festival del Guaque 2016 en Guasca cundinamarca

En: Inspiración

Resulta que los «Headquarters» de Aldeanos Digitales quedan en una finca a 7km de Guasca, Cundinamarca, como a hora y media de Bogotá. Y el fin de semana pasado (del 8 al 10 de julio de 2016) se celebró el Festival del Guaque, evento realizado por la asociación Fortaleza de la Montaña buscando recuperar y mantener el territorio físico, social y cultural del municipio. Hasta aquí todo bien y probablemente esperarán el típico artículo sobre el pueblo bonito que se ha jodido de a poquitos por las iniciativas del gobierno, que en vez de estimular el desarrollo le van corriendo la cerca a los vecinos pero hacia adentro; pero como de eso hay tanto y por lo general no trasciende más allá de una denuncia con un puñado de likes, vamos a darle un poco la vuelta a la historia. O más bien a la perspectiva.

«Quiero aclarar que no me interesa, ni criticar a las entidades gubernamentales ni a la gestión del evento porque no participé en el proceso de pedir permisos o conseguir recursos.»
Haga de cuenta que en el municipio coexisten 3 mundos diferentes: Uno donde las personas no sienten la necesidad de cambio, por lo que viven y actúan regidos por la frase de «como siempre ha sido así». Otro mundo donde, cansados de ver cómo los primeros en su tradición han dejado alterar el territorio a través de la venta de predios, recursos hídricos o mala administración de fondos públicos desarrollan un escepticismo y una crítica constante hacia las iniciativas del gobierno y sus derivados; y existe un tercer mundo donde las personas, conscientes de los beneficios y obstáculos de vivir en los dos mundos anteriores simplemente están atentos, sea a encontrar un espacio donde sean escuchados o donde puedan aprender a decir las cosas para que los escuchen.

Lo interesante es que estos mundos no tienen nada que ver con edad, sexo, raza o religión. Son personas comunes y corrientes que cruzan el mismo parque, se toman la misma cerveza y hacen mercado en la misma tienda, sin embargo su naturaleza se hace visible cuando se realiza un evento público porque claro, a los primeros no les interesa lo que proponen los segundos, los que proponen se ponen en modo «al cabo que ni quería» y los terceros asisten, aprenden y eventualmente opinan.

A diferencia de otros eventos públicos, la importancia del Festival del Guaque es su capacidad de extender en el largo plazo el tercer mundo que mencionaba en el ejemplo.

Porque a simple vista podemos notar que las diferencias entre «tradicionalistas» y «divergentes» los ha polarizado gradualmente hasta el punto en que ni uno raja ni el otro presta el hacha, pero los terceros en su actitud neutral y abierta, en vez de patinar en el alegato de por qué sí o por qué no se van para la casa y ponen en práctica lo que aprendieron. El Festival del Guaque es precisamente un espacio para compartir e intercambiar saberes, además de crear conciencia frente a diversas situaciones que afectan de manera negativa el equilibrio de las personas y en especial del lugar que habitan. Con cada versión del Festival del Guaque se va creando una audiencia cada vez mayor, y sobre todo más consciente.

Y continuando con la analogía de los mundos pudimos estar tras bambalinas durante el desarrollo del evento, que más bien era el resultado de lo que se quería hacer menos lo que no autorizaron.

Quiero aclarar que no me interesa, ni criticar a las entidades gubernamentales ni a la gestión del evento porque no participé en el proceso de pedir permisos o conseguir recursos. Pero para explicar mejor este choque entre dos mundos tengo un par de ejemplos que escuché casualmente a lo largo del evento:

– Vamos a hacer una sopa comunitaria en la que todos los vecinos aportan los ingredientes que quieran y al final se comparte con todos.
– Ah, pero es que nos dijeron que ese no es el plato típico del pueblo, que quieren promover la Trucha y por eso no podemos hacer la sopa. ¬¬

– Vamos a traer unos grupos de carranga para que toquen en el festival.
– Es que dijeron que esa no es la música típica del pueblo.

Llego yo y pregunto en otra conversación: «¿Y van a celebrar las fiestas del pueblo?»
– Sí claro, y el evento principal va a ser un cantante de vallenato. ¬¬
Ah ok, según esto ¿el vallenato nació en Guasca? Al final lo que resulta entre lo que se quiere hacer y lo que no autorizaron se convierte en la magia del festival, porque no se trata de un evento con bombos y platillos (imagino que tampoco los prestan) pero la persistencia y vocación de los realizadores -o los guardianes de la montaña en este contexto- son los que hacen posible que con recursos limitados o sin ellos, las cosas sucedan. Me gustó mucho ver las familias reunidas alrededor del parque, escuchando una charla de un abogado ambiental sobre el verdadero valor de la tierra y de cómo sistemáticamente se termina vendiendo para explotación exploración minera, o para una empresa de energía eléctrica a un precio casi simbólico; porque estas personas, que son las que digo que pertenecen al tercero de estos mundos, son las que el día de mañana sabrán utilizar las herramientas jurídicas para proteger la finca que le heredaron sus abuelos, no por su precio sino por su valor.

Esta fue la cuarta versión del Festival del Guaque, y el tema fue el papel de la mujer como gestora del territorio. El año pasado fueron los páramos como actores fundamentales en la protección del territorio (por eso del fracking y esas burradas modernas de las que escribí hace un tiempo) y el año que viene va a ser cualquier vaina que ayude a defender, proteger o mantener el territorio porque donde no lleven a cabo estas iniciativas van a terminar viviendo en un pueblo alquilado, ya que la tendencia política y económica es ir vendiendo o «concediendo el uso» de cualquier pedazo de tierra mientras lo paguen bien, independiente de lo que rompan, extraigan, sequen o construyan después de negociado.

En general el evento estuvo tal y como lo imaginábamos, que por encima de los obstáculos y expectativa nos dejó historias, nuevos amigos y sobre todo la certeza de que inspirar es más eficiente que exigir. No digo que los paros o las marchas no tengan sentido, sino que me gusta más encontrar soluciones con una aguapanela caliente y compartiendo ideas que dándole cucharazos a una cacerola. Es un gusto personal.

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