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Insulina Time I

En: Opinión

No me tomen por pesimista, de hecho estoy en un punto de mi vida donde tomé la sana decisión de NO quejarme y agradecer. Sin embargo, ahora tras de ansiosa, depresiva, algo histérica y nerviosa, sí DIABÉTICA.

– DIABETES – no significa “una muerte prematura o una vida aburrida” donde el azúcar dejó de existir en tu vida. Significa cambios de hábitos que una vez ocasionaron desequilibrio en ti.

Ahora debes “volcarte” porque en mi caso, la vida te obliga o te obliga a una alimentación sana enriquecida por verduras y frutas además de hacer actividad física y prestarte ánimo. No es muy agradable, porque requiere de ti un esfuerzo. Eso no es negativo, al contrario. Significa que tu cuerpo y sobretodo tu mente en un tremendo acto de autoestima, deja de lado el confort en el que se crió para finalmente hacerse cargo del humano-adulto que eres. Uno que a pesar de su juventud necesita más atención y cuidados.

«A pesar de percibirme delgada, desgastada, pálida y sin sabor. Aún en mi oscuridad, la fuerza esencial por la vida venció a la muerte»

Fui diagnosticada con diabetes debido a una complicación que tuvo mi páncreas; tuve que ser intervenida quirúrgicamente, fue una cirugía compleja. Estuve hospitalizada un mes al cuidado de muchas mujeres enfermeras que lo dieron todo de sí mismas para cuidarme, bañarme, cubrirme, limpiarme y darme el más cálido de los abrazos cuando lo necesité.

A DIOS, a mi familia, los médicos, enfermeras, mis amigos. A esa esencia que no se rinde, no me fui a pesar del dolor físico, del lento y duro proceso que ha sido mi recuperación. A pesar de percibirme delgada, desgastada, pálida y sin sabor. Aún en mi oscuridad, la fuerza esencial por la vida venció a la muerte. Lo curioso es, que debido a mi depresión quise morir muchas veces. Ahora, concibo sólo la fuerza que me trajo de nuevo, que me sigue sosteniendo todos los días.

Así, indefinidamente tengo y tendré una vez al día “mi dosis de insulina”: un momento donde me recuerda la fragilidad de la vida, el cambio, lo que viví en aquel cuarto de hospital: los malos pronósticos médicos, DIOS, lágrimas, músicas en mi cabeza, trozos de Murakami en la voz de mi hermana (porque por la subida del azúcar no podía ver bien); los abrazos. Todo en un mes.

Renací en una nueva yo que ha vuelto a seguir caminando, aprendiendo y afortunadamente, sintiendo. Hoy, pensando en retrospectiva me percato también de lo magnifico que puede ser recorrer dicho camino. Nunca en mi vida había sentido la sensación de felicidad que produce simplemente respirar y sentirse vivo.

Aprendí que amarse uno mismo se ve reflejado en este tipo de situaciones: cuando la enfermedad acude a tu cuerpo a ilustrarte y motivarte a cambiar.

– ¿Cambiaré?- No lo sé con certeza, lo que sí tengo claro es que volví para seguir aprendiendo: sonriéndome más, quejarme menos, agradecer, vencer miedos y sobretodo ser feliz con lo que soy, hay en mi cabeza y tengo en mi cotidianidad.
¿Quieres que te cuente ahora sí cómo ha sido mi experiencia rompiendo el molde?

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