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¿Y ahora qué me pongo a hacer?»

En: La Guía

El Life coaching es una herramienta bastante útil si consideramos la siguiente situación:

Existe la remota posibilidad de que en algún momento se quede sin empleo.
Tan inevitable como los impuestos, es un evento que no distingue ni cargo ni condición social o política; puede ser el presidente de un país o un practicante de agencia con toda la disposición de vivir en la oficina si es necesario, cuando los números hablan y su cargo pasa a la columna de Excel de color rojo, chao.

Ahora bien, me refiero al empleo mas no al trabajo porque en efecto son cosas distintas.  Cuando uno traza un objetivo y se enfoca en hacerlo realidad pues tiene que trabajar para lograrlo.  En cambio cuando alguien tiene un objetivo y necesita recursos humanos para hacerlo realidad debe emplear estos recursos, que realizan una serie de tareas que en conjunto para lograr el objetivo propuesto.

«Si usted está entre los 26 y los 38 años y trabaja en una empresa, lo más probable es que tenga que reportarle a alguien y esperar su aprobación para dar el siguiente paso.»
Descubrimos esa diferencia hace un par de años, cuendo decidimos romper el molde.  Dejamos de ser empleados, pero aprendimos a trabajar para lograr los objetivos que trazamos en aquel entonces y lo seguimos haciendo, a pesar de los imprevistos que nos han enseñado a corregir la dirección que definimos al principio.

Y esto es lo que hemos hecho para mantener la dirección en la que trabajamos para conseguir nuestros objetivos.

Que es tan simple en teoría y abstracto en la práctica como fortalecer nuestra independencia. Claro, ahora tenemos «todo el tiempo del mundo» para desarrollar nuestros productos y todo eso pero las cuentas siguen corriendo, y ante la primera oferta de trabajo (bajo ciertas condiciones) postergamos o de-priorizamos estos productos para emplearnos nuevamente, así sea remoto y sin contrato pero empleados al final con el fin de cubrir las cuentas. Hay varios puntos interesantes en este ejercicio que vale la pena compartir a manera de Life coaching porque seguramente se habrán preguntado alguna vez cómo funciona la vida de un equipo de trabajo independiente más allá de la foto del portátil con la playa al frente, que sí sucede pero no con tanta frecuencia como uno quisiera:

¿Y ahora qué me pongo a hacer?

Esta pregunta surge mágicamente cuando uno deja de ser empleado (a algunos los despiden, nosotros decidimos renunciar). El «qué me pongo a hacer» es el efecto resultante de tener ahora el tiempo y la experiencia para hacer TODO lo que a uno se le ocurra, pero no saber cómo ni qué. Así de simple.

La razón es que como hemos sido empleados tanto tiempo se nos atrofia la capacidad de crear tareas y procesos, pero sobre todo la disciplina para hacerlo sin que nadie nos lo diga. Si usted está entre los 26 y los 38 años y trabaja en una empresa, lo más probable es que tenga que reportarle a alguien -así sea el presidente de la empresa- lo que hizo y esperar a que le dé el aval para dar el siguiente paso.

Life coaching es precisamente el acompañamiento en el proceso de recuperar la autonomía que necesita para desarrollar su proyecto de vida de cualquier tipo pero indepediente, que viene a ser como trabajar en lo que más le gusta en la vida sin tener que reportarle nada a nadie.

Para dejar de ser empleado en cualquier modalidad de trabajo, considere dejar de prestar servicios.

Para mi, quizás el punto más frustrante de todo el ejercicio. ¿Por qué? porque llegué a un punto en mi carrera donde puedo cubrir y optimizar todo el espectro de gestión de productos digitales, desde la identificación de la oportunidad de negocio hasta el sello de calidad que garantiza que el producto va a salir al mercado sin ningún inconveniente. Al ver que el mismo producto que como empleado ayudé a desarrollar en X tiempo con Y cantidad de personas y Z presupuesto, podía realizarlo en la cuarta parte de ese tiempo, personas y presupuesto -y seguía siendo rentable- encontré una ventaja competitiva enorme, pero en la práctica noté que los clientes realmente no pagan por la calidad, eficiencia y eficacia del producto final sinó por tenerlo a uno «ahí» pendiente de cualquier eventualidad, porque en efecto buscan un producto pero realmente pagan por un servicio; que por cierto pagan mal, no por lo barato sino porque siguiendo la regla de pago de 50-50 uno puede dejar el proyecto listo para cobrar el 50% restante del proyecto y cerrarlo, pero como eso depende de que los clientes proporcionen la información de su proyecto a tiempo y completa y eso NO sucede en el 95% de los casos, ese 50% se pierde en una línea de tiempo difícil de atajar en mi opinión (y en la de muchos independientes que se quejan de lo mismo).

Para hacer la historia corta, después de varios casos de clientes dispersos, dramáticos y éticamente cuestionables concluí que un servicio como producto no es rentable, y para que lo sea tiene que cobrar un precio que si lo aprueban, de alguna manera se lo van a dilatar hasta que deje de ser rentable. Ser independiente significa trabajar sin depender de terceros, y un servicio genera una dependencia estricta y directa.

O puede emplear a alguien para que preste el servicio por usted, pero en ese caso usted ya resolvió lo que expuse en el primer punto y su empleado podría estar leyendo este post desde el principio.

Aprenda a reconocer y diferenciar los objetivos de las consecuencias.

Esta es una vaina de esas que le cambia a uno la perspectiva. De hecho lo entendí la otra vez que fantaseábamos con unos amigos acerca de cómo se gastaría uno la plata si se ganara el Baloto (todos los colombianos hemos estado en una charla de estas) y entre proyectos y excesos noté que el dinero es el único objetivo de comprarse el Baloto. Es tan obvio que si su objetivo en la vida es conseguir dinero debería invertir la mayor parte de su sueldo en Balotos, chances y loterías para aumentar la probabilidad de ganárselo, porque en serio es más cómodo que trabajar de sol a sol para comprarse por ahí un Balotico cada semana.

Pensé entonces en que lo que nos ha hecho sobrevivir estos años como independientes no ha sido el dinero, sino la consecuencia de nuestro trabajo al que le hemos metido toda la pasión y compromiso que requiere. Solo que la consecuencia se salió de su punto de equilibrio (cuando el compromiso de los clientes se volió inversamente proporcional al nuestro) y decidimos cambiar de dirección porque emplearse es entendible, pero gratis es inaceptable.

Estamos cambiando hacia una dirección donde haya buen viento y buena mar por el camino que presenta la menor resistencia.

Esto vale la pena aclararlo porque puede interpretarse como que se trata de ir por el camino más fácil, que no es cierto. Durante estos 3 años hemos hecho un life coaching intenso con nosotros mismos, lo cual ha sido un proceso complejo porque no teníamos un Coach que nos acompañara en el proceso, así que tuvimos que reconocer primero nuestros defectos y debilidades y aprender a convivir con ellos antes de tomar decisiones de alto nivel respecto a nuestro proyecto de vida (cambiar de ciudad, cambiar de trabajo, tener hijos, etc.). En este punto ya hemos aprendido tanto de lo que queremos -y sobre todo de lo que no queremos- que podemos fácilmente dedicarnos a hacer lo que nos gusta con la certeza de que las consecuencias, más allá del dinero y las obligaciones financieras son y serán sorprendentemente positivas.

 

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