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Lo que callamos los independientes

En: Opinión

La independencia laboral puede ser el resultado de una idea brillante e inspiradora, o de una pataleta como mencionábamos en otro artículo; lo cierto es que una vez decidimos aventurarnos en este estilo de vida (porque terminamos adaptando nuestra vida a otro ritmo de trabajo e ingresos) la independencia laboral se convierte en un barco donde se suben pocos y no demoran mucho en bajarse.

Conversando con varios amigos sobre este tema encontramos que sin importar a qué nos dediquemos las quejas son las mismas, de manera que decidimos explicar por qué convergen y eventualmente cómo podrían mitigarse ya que las frases de Coelho y Jobs son inspiradoras pero no sirven para pagar deudas.

Estas son las cosas que callamos los independientes:

Si los independientes demostramos constantemente lo buenos que somos y se nota en la calidad de nuestro trabajo, ¿Por qué los clientes nos pagan tan mal?

Es una pregunta literal en el 99% de los casos porque los clientes en efecto pagan mal, pagan tarde o no pagan. Es por eso que somos más amigos del área contable que del mismo cliente y el pago del 50% al finalizar el proyecto se convierte en un acto de caridad y mala suerte, porque justo la persona que autoriza el pago se fue de vacaciones minutos antes de hacer nuestra llamada “de seguimiento” semanal. Y obvio no autorizó nuestro pago, qué casualidad.

Creemos que es una cuestión cultural de percepción.

Es decir, sin importar qué tan buenos somos o cuánta experiencia tenemos, no contamos con el respaldo de una empresa para asegurar que las condiciones de trabajo que acordamos al comienzo se cumplan al final.

Nuestra recomendación es que consiga un abogado y agreguen un par de cláusulas a su contrato sobre los plazos y condiciones de pago considerando los conceptos de Lucro Cesante y Daño Emergente.


Pensamos que nos contratan para resolver, pero en realidad nos pagan para adivinar.

No sé bien cómo funciona en otras áreas, pero cuando se trata de creatividad (ilustración, diseño, producción de medios, etc.) uno pensaría que el cliente comparte nuestra “propuesta inspirada en los valores de la empresa traducidos en bla bla bla” pero no. Terminamos resolviendo el problema del color verde que se ve muy “amargado” o la pieza musical de Funk Rock que no suena tan reggaetonera.

Ser conscientes de la diferencia entre resolver y adivinar nos permite ser realistas a la hora de cobrar.

Porque eso de “cobro tanto y lo saco en un par de días” simplemente no existe, o al menos no hay cliente que respete un cronograma de trabajo al pié de la letra. Cuando se trata de prestar servicios que involucran creatividad es importante saber que hay muchos factores que influyen en la aprobación de nuestras propuestas creativas, que van desde el jefe de quien nos contrata hasta el sobrino que está haciendo un curso en el SENA y mete la cucharada. Por cierto, ese es el sobrino al que le van a dar el proyecto si piensan que su cotización es muy cara. Los clientes siempre tienen un sobrino así.


La delgada línea que divide la bacanería de la frescura.

Ser independientes nos permite ser más “nosotros mismos” a la hora de trabajar, ya que no vamos a reuniones en representación de una empresa sino de nuestra propia marca.

Y en ocasiones sucede que nuestro cliente aprecia esta informalidad y se genera un buen ambiente de trabajo entre chistes y cervezas el viernes por la tarde. El problema es cuando el cliente piensa que la bacanería es una especie de bono redimible y al final del proyecto se comporta como nuestro mejor amigo, es decir, no paga y responde con cualquier chiste pendejo.

De ahí que sea tan importante dejar claras las reglas antes de jugar.

En este punto caemos -y caeremos- a lo largo de nuestra carrera como independientes porque como mencionamos, la línea es muy pero muy delgada y es fácil ser víctima o victimario en esta situación sin darnos cuenta, lo cual es delicado considerando que hay bastante tiempo y plata de por medio.


¿Y cuál sería la conclusión de todo esto?

Lo más frustrante de ser independiente es pensar que encontramos la forma de hacer las cosas a nuestro criterio para terminar siendo “choferes de mouse” como nos pasa a nosotros y a nuestros colegas en la mayoría de proyectos. Sin embargo no es razón para perder el impulso o cogerle pereza a nuestro trabajo, pero sí una oportunidad para re-inventar la forma en que nos vendemos.

En general el truco consiste en convertir un servicio en un producto, de manera que la eficiencia del servicio requiere el compromiso formal del cliente al entregar los recursos que necesitamos para trabajar y de sus aprobaciones, porque de lo contrario podría recibir un producto incompleto y es su entera responsabilidad.

Por otro lado la relación proveedor-cliente termina cuando recibe el producto, de manera que se reduce la dependencia del visto bueno del cliente, que en el caso de los servicios es fluctuante y subjetivo. Enfóquese en desarrollar y vender productos como ingreso principal; puede ahorrarse muchos dolores de cabeza si convierte la prestación de servicios en un ingreso eventual.

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