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Evolucionar la masculinidad, la pieza clave en la igualdad de género

En: Opinión

Para poder entender el contexto de este artículo y no armar un “mierdero” innecesario con temas que pueden ser un poco sensibles, voy a aclarar tres conceptos sobre los cuales me voy a apoyar a lo largo del mismo:

Lo contrario a lo Viril NO es lo débil o femenino como lo define la academia. Vamos a utilizar el término Infantil como antónimo de Viril. Simple.
Vamos a separar nuestra identidad como hombre o mujer del papel del hombre y la mujer en la sociedad. Como especie somos capaces de hacer prácticamente lo mismo (de hecho las mujeres son capaces de “un poco” más).
Por igualdad nos referimos a derechos, deberes y oportunidades ya que los factores hormonales, culturales y sociales que intervienen en nuestras decisiones son muy diferentes para hombres y mujeres.

En una época donde hombres y mujeres compiten en diversas áreas y delegan la formación de sus hijos a terceros, redefinir la masculinidad es una tarea para ambos géneros en cualquier tipo de relación.

Todavía conservamos la tradición incuestionable -especialmente por nuestros papás y de ahí para atrás- de que los hombres en la oficina y las mujeres en la casa, pero hoy en día no tiene vigencia porque el capital que mueve nuestra sociedad en términos económicos gira en torno al conocimiento, que es transversal al género. De manera que no hay tareas específicas para hombres o mujeres según su nivel inteligencia (como suelen clasificarlas los que confunden masculinidad con machismo), pero la percepción de quién debería hacer una cosa u otra ha evolucionado de manera muy lenta en el género masculino.

Quizás es por la falsa interpretación de la feminidad como algo exclusivo de las mujeres, o que desarrollar la sensibilidad y la compasión en los hombres está asociada a la homosexualidad, que a su vez sigue siendo considera para muchos como una enfermedad.

Lo sorprendente es que estos pre-conceptos sigan siendo vigentes y generen juicios de género imprecisos e injustos en pleno siglo XXI.

El feminismo por su parte comenzó a romper un muro social que nunca debió existir, pero a veces pareciera que buscan construir uno nuevo.

Así como las hormonas, la educación de nuestros padres y la historia del mundo que aprendemos en el colegio determinan la naturaleza de nuestras decisiones como hombres y mujeres, es entendible que miles de años de injusticia y maltrato hacia el género femenino provoquen un resentimiento ancestral que hoy en día se manifiesta en actos sin sentido por parte de hombres hacia mujeres y una actitud defensiva e intransigente por parte de algunas mujeres. Tiene sentido porque esta “colonización masculina” a través de la historia ha promovido el sometimiento como herramienta de conquista, pero no hay necesidad de darle continuidad y hacer un cambio de administración de dicha colonización por el género opuesto.

Lo que pasa es que es difícil perdonar y muchas mujeres hoy en día son la voz activa de sus madres, abuelas y otras mujeres vulnerables, pero hasta donde entiendo la virtud de nuestra especie es el ejercicio consciente del amor, pero el activismo radical busca una tregua, y para que haya tregua tiene que haber guerra. Eso no tiene sentido.


Porque como hombre es un gran reto comprender el intrincado y fascinante mundo de la mujer, y un gran logro reconocer nuestra admiración por el género responsable de mantener una humanidad cada vez más consciente.

Aquella frase de “detrás de un gran hombre hay una gran mujer” esconde a regaña dientes un hecho contundente y es que para ser grandes hombres hemos aprendido de muchas mujeres (partiendo desde nuestra propia madre) que nos han aguantado por años un delirio de poder infundado y un ego exacerbado para ser “alguien” que ellas no podrán ser porque no tienen derecho. Sin embargo no aprendimos o no nos enseñaron (entendiendo que las mujeres también han sido responsables de mantener este patriarcado a través del tiempo) a admirar y agradecer la oportunidad de compartir nuestra vida con el género opuesto y torpemente inculcamos en las nuevas generaciones que como sociedad, las mujeres deben estar a nuestro servicio.

Un claro ejemplo de amor, igualdad y mucha masculinidad

Este tema da para largo así que lo abordaremos en varios artículos, sin embargo es bueno cerrar con un ejemplo y dejar las palabras para más adelante.

Para mi la igualdad de género radica en el reconocimiento de nuestra identidad y nuestra capacidad para generar un impacto positivo en la sociedad más allá del género, ya que las futuras generaciones merecen un acompañamiento consciente sin importar si es de hombre/mujer o de padre/madre. El amor y la compasión no tienen género y no lo digo yo, es el eje transversal de todas las religiones y corrientes espirituales del mundo.

El caso de Phil es una muestra de que la masculinidad puede evolucionar y adaptarse al mundo que vivimos actualmente con el fin de garantizar a través de las nuevas generaciones la posibilidad de un mundo mejor.

El tipo es papá soltero y decidió crear un canal de Youtube de tutoriales para que otros padres (imagino que en situaciones similares) puedan acompañar y ayudar a sus hijas con algunas cosas de niñas:

Un ejemplo sencillo que de muchas maneras demuestra que la evolución de la masculinidad juega un papel fundamental en la igualdad de género. Admirable.

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