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Si nuestra idea es tan buena, ¿por qué la dejamos para después?

En: La Guía

Y andaba pensando ahora (lunes a medio día) sobre los proyectos en los que tengo que trabajar esta semana.  Resulta que como independiente se genera una marcada división con los proyectos que uno tiene en la mesa, tan radical y claramente definida como los ejemplos esos de «existen dos tipos de personas en el mundo»:  Los proyectos que uno quiere hacer y los que alguien más quiere que uno les haga.  Simple.

Procrastinación: La acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.
El asunto es que ambos tipos de proyecto tienen dinámicas muy diferentes pero al ser proyectos comparten algunos componentes como los objetivos, las fases, las tareas y obviamente el resultado.  Me dio por hacer este post porque mientras escribía la lista de tareas para cada proyecto encontré que las razones por las cuales pospuse algunas tareas -y por ende proyectos- se salían de los argumentos clásicos asociados a los ejes sobre los cuales un proyecto puede ejecutarse (recursos, tiempo y presupuesto), y me hizo gracia reconocer que a pesar de ya no estar trabajando bajo un esquema corporativo por un tiempo, en un lugar bastante profundo de mi subconsciente tengo grabado un programita que me lleva de manera casi inconsciente a procrastinar.

De hecho nunca me he sentido identificado con este término porque define, mas no explica lo que nos lleva a dejar algunas tareas para después.  Wikipedia lo define como «la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.», que me suena simplemente como hacer lo que a uno le gusta, pero no soluciona nada concreto.  En otras palabras, es como si fuera donde un especialista a contarle mis penas y me sale con el diagnóstico de «usted está procrastinando mucho, debe enfocarse mejor en lo que tiene que hacer»; es como si tomara 10 litros de café al día y el médico en vez de sugerirme reducir el consumo de café me diera Omeprazol.

Entonces (y aquí es donde se pone interesante) noté que uno de los grandes ingredientes para postergar eso tan chévere que estamos haciendo es que llevamos mucho, muchísimo tiempo aprendiendo a ser y hacer cosas grandes, pero se nos ha ido atrofiando la capacidad de reconocer las «cosas».  El constante empeño por obtener el resultado perfecto en una línea de tiempo adecuada y con pocos recursos para hacernos millonarios de la noche a la mañana nos está haciendo olvidar que los grandes proyectos que le han dado forma a la humanidad y a nuestra vida moderna comenzaron como grandes ideas contenidas en espacios pequeños, o fueron aparentemente pequeñas o irrelevantes por un buen tiempo.

Por ende al enfrentar esa grandeza imaginaria de nuestros proyectos, al ver que esas pequeñas tareas que debemos hacer constituyen solo una parte diminuta de ese gran resultado, optamos por actividades más sencillas y a corto plazo que quizás no tengan nada que ver con emprender o cualquier otra aspiración, pero nos garantizan que la próxima hora al menos va a ser entretenida.  Y con el tiempo descubrimos que es tanto lo que queremos hacer y dejamos para después, que cuando tengamos el tiempo para hacerlas, o estamos muy cansados para llevarlos a cabo o son tantas cosas que no podemos con todo.

Descubrí entonces que no se trata de pensar si la idea es buena o no, o si tenemos o no los recursos para desarrollarla.  Con la cantidad de herramientas gratuitas que existen hoy en día para organizar y documentar ideas y proyectos, la única razón para que su proyecto no tenga la oportunidad de ser conocido es porque no ha querido trasladarlo de la cabeza al papel, y quizás el tiempo que le pueda dedicar después de trabajar todo el día y atender las tareas propias de la vida personal.  Lo importante es que por grande que sea su visión de proyecto y pocos los recursos para realizarlo, con que le dedique un esfuerzo -un mínimo esfuerzo- de manera constante estará, inevitablemente, más cerca de lograrlo.

Como voy a hablar bastante de estos temas más adelante, les dejo 5 puntos interesantes que he encontrado y que pongo en práctica constantemente a la hora de organizar y controlar los proyectos (yo diría obsesiones creativas) que se me ocurren de vez en cuando y que en su momento le pueden servir, así sea para volver al blog a buscar este artículo de nuevo:

  • Sea sensato con el objetivo de su proyecto

    Quizás lo más recurrente que he visto en reuniones creativas y de emprendimiento.  Las ideas son muy buenas, pero al momento de proyectar la rentabilidad de estas ideas a mediano o largo plazo, la motivación se va al suelo.  Pensaba yo, «será porque el objetivo principal no es sacar la idea adelante sino ganar plata con ella a corto plazo».  Si el objetivo de su proyecto es ganar plata rápidamente intervienen una serie de factores y si desea hacer rentable un oficio o un tipo de arte intervienen otros, lo importante es que pueda reconocer el objetivo de su proyecto desde el principio.

  • Ningún proyecto «lo sacará de pobre» de la noche a la mañana

    Primero, la pobreza es un estado mental del cual podría escribir más adelante y segundo, cuando un caso de éxito sale en las noticias se enfocan en el resultado y por lo general no hablan mucho sobre el proceso.  Sin embargo es ahí, en ese proceso que tomó años de esfuerzo y preparación que se gestó el proyecto donde radica el éxito del mismo.  Estamos acostumbrados a escuchar cómo una idea de garaje generó miles de dólares pero no escuchamos mucho sobre cuántas puertas tuvieron que tocar los emprendedores para que su idea fuera conocida y no nos interesa saber cuántas de esas puertas se cerraron porque claro, no es noticia.  Es simplemente la forma en que funciona el mundo real.

  • El que no las hace las vé hacer

    Estoy seguro que les ha pasado que ven una idea y dicen «a mí se me ocurrió esa idea hace tiempo».  La diferencia es que al otro que se le ocurrió la idea la llevó a cabo, mientras que a usted se le quedó en la cabeza y no quiere decir que ya no valga la pena, solo que antes pudo ser el pionero en el medio con su idea, ahora tendrá que competir con el que la hizo realidad primero.

  • Las ideas aunque no lo crea, son desechables

    O más bien reciclables, lo importante es entender que las ideas son buenas cuando son puestas en práctica, se exponen y son aprobadas por la audiencia que queremos que la consuma.  En papel todo se ve prometedor y en la puerta de la fábrica se ve perfecto, pero enfrentamos audiencias con diferentes aproximaciones a nuestra idea que sorprenden, satisfacen y decepcionan.  No le tema a desechar su idea inicial, dele espacio para cambiar y evolucionar de acuerdo a lo que la audiencia está esperando, finalmente y como decía Darwin las especies que sobreviven no son las más fuertes sino las que mejor se adaptan.

  • La plata puede ser un objetivo o una consecuencia

    Al igual que lo que quiera y pueda hacer con ella.  Piense que si lo que busca es producir plata, cualquier actividad que realice responde al cómo producir plata porque ese es el objetivo.  Si por el contrario usted decide dedicarse a hacer algo que le gusta, es posible que alguien más comparta su gusto y al escalar esta relación entre lo que le gusta y el interés de la audiencia es posible que logre intercambiar su producto por una cantidad de dinero (mejor dicho que lo venda).  En este caso la plata es la consecuencia de realizar una actividad de su agrado, y tarda por lo general más tiempo que el primer caso pero digamos que hay otras cosas que no se pueden interpretar en números ni billetes.  Finalmente es de cada quien definir de qué manera quiere ser recompensado por su esfuerzo.

 

 

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