¿Cómo hacer algo bueno por los demás cuando no se lo merecen?

En: Opinión, Revoluciones colectivas

Una revolución colectiva es compleja porque irónicamente exige muchos compromisos individuales y no todas las personas merecen que uno haga algo bueno por ellas.

Esta reflexión viene de muchas situaciones que vivimos en distintas comunidades (el trabajo, el vecindario, etc.) en las cuales sentimos que hay tanta indiferencia o falta de colectividad que uno se deja llevar por esa corriente y piensa como que no vale la pena seguir pensando en los demás. Básicamente que vayan y coman mierda.

La idea de la revolución colectiva se trata de hacer cosas por uno mismo, sin pensar necesariamente en alguien más pero que si todos lo hacemos terminamos beneficiándonos mutumente

Que es donde se pone interesante la cosa. Quizás ha sido una serie de eventos consecutivos que me han llevado a estar amargado e intranquilo la mayoría del tiempo y en serio trato de evitarlo, pero con el día a día me doy cuenta de que la línea que separa la tranquilidad de fingir que no pasa nada es muy delgada.

Y sin importar qué tanto se pueda filosofar al respecto llego siempre a la misma conclusion: La mala actitud de los demás no debería convertirnos en malas personas en nuestra necesidad de adaptarnos a la situación.

Por ejemplo, si el vecino bota basura frente a mi casa pues seguro me darán ganas de ir y botar el doble en la casa de él, pero al final terminamos siendo dos idiotas amargados viviendo en medio un basurero; se me ocurrió entonces que una revolución colectiva para solucionar este tipo de situaciones es dejar de pensar en que «voy a hacer lo mismo para que el otro se dé cuenta de cómo se siente» por «Voy a buscar una forma de recordarle al otro que no vive solo». Parece como si fuera lo mismo pero son dos conceptos diametralmente diferentes.

Eso sí ya usted verá de qué forma le recuerda al otro que no vive solo. Yo nomás hago reflexiones, no puedo enseñarle a nadie a que no sea ñero.

Porque claro, acá puedo ponerme a hablar de la compasión y de la convivencia, etc. pero a nadie le interesa o se le olvida al rato. Algo que vale la pena aceptar es que cada vez andamos más individualizados y enfocados en perseguir nuestros intereses personales, de manera que desarrollar nuestra «conciencia colectiva» no es atractivo (a menos que hagamos un «workshop» de eso y nos sirva para la hoja de vida).

Sin embargo podemos crear una revolución colectiva al diseñar mejor nuestra forma de solucionar las situaciones típicas de la vida en comunidad y no responder con la fuerza opuesta (lo de usted me jode entonces yo lo re-jodo) sino reducir aquello que genera el desequilibrio. Si a su vecino le da pereza llevar la basura donde es, quizás no tiene claro dónde termina su casa y dónde comienzan las áreas comunes.

En mi caso particular lo resolví poniendo un letrerito y santo remedio.