Aldeanos Digitales - Vivir y trabajar fuera de la ciudad

Neocampesino, el éxodo al campo

En: La Guía

Hace unos días recibimos una carta de una amiga que vive en Europa, en la que nos cuenta un poco sobre su experiencia en este continente y lo mucho que ha aprendido en ese viaje, más al interior de ella misma. La verdad es que su carta, que obviamente compartimos con ustedes aquí, nos inspiró a continuar escribiendo este artículo que estaba archivado hace un tiempo.

Últimamente he tratado de encontrar un término que enmarque el cambio que hemos vivido durante estos dos años. Sé que no es la primera vez que escuchan la historia de personas jóvenes como nosotros que dejan sus trabajos para ir a vivir al campo, incluso, muchos le han acuñado a ese estilo de vida el término «Neocampesinos«. Y sí, durante los últimos años la historia se ha invertido, del éxodo rural, en el que los jóvenes campesinos dejan su vida en el campo para buscar un futuro en las urbes, al éxodo que nos dirige nuevamente al campo, a conectarnos con una vida sencilla.

Sobre el término Neocampesino

Para entrar en contexto hablemos un poco de la historia de este término. Resulta que para la década de los 60´s con el surgimiento del movimiento hippie, la segunda ola de feminismo del «movimiento de la mujer» y otros acontecimientos importantes que se llevaron a cabo en Europa y Estados Unidos y principalmente, como señalan Hervieu y Léger, «como un recurso ante la crisis, el paro, la contaminación, la burocratización generalizada de la vida social…» nace el neorrural o neocampesino que es un fenómeno en el que un grupo de jóvenes abandona la ciudad y se dirige al campo para llevar una vida alternativa.

«El Neocampesino, no busca vender su trabajo por un salario, sino que siembra para su familia y para la comunidad, generando un fuerte vínculo de solidaridad»

Poco a poco el «retorno al campo» de los movimientos migratorios utópicos cambiaron sus razones políticas y anticapitalistas, para dirigirse al campo más por el contacto con la naturaleza, por ese simbolismo que desata el regresar a las tareas simples al reencuentro físico y espiritual entre el hombre y la naturaleza.

El Neocampesino, no busca vender su trabajo por un salario, sino que siembra para su familia y para la comunidad, generando un fuerte vínculo de solidaridad que fortalece las relaciones humanas, de-construye el valor del dinero y re-construye el valor del campo.

Hoy en día, existen muchos grupos que retornan al campo para dedicarse a trabajar la tierra o incluso retomar las labores manuales como es el caso de los «Neoartesanos».  En Colombia, por ejemplo, este movimiento es cada vez más común y exponencial, La Aldea Feliz es tan solo un ejemplo de tantos. Nosotros, mmm.. no sé, quizas solo estemos aquí por ese legítimo derecho a soñar, que nos exacerbó el alma hace un tiempo.

Sobre el derecho a soñar

El subtítulo se lo acredito a la amiga de las que les hablé al inicio de este artículo. No sé si nosotros somos herederos de ese movimiento antimperialista que se formó en los 60´s, lo que sí considero cierto es que estamos reclamando ese derecho legítimo que todos tenemos, «el derecho a soñar«, ese derecho a reescribir nuestra vida y a pilotearla como queramos, ese derecho que nos da la posibilidad de escoger en que queremos gastar nuestro tiempo, que queremos consumir y que no, ese derecho que nos permite ser fieles a nuestras convicciones.

 

Y bueno para darle ritmo al post, les dejo este video de Café Tacuba que encaja bien con el tema

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