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Una mini casa con gran encanto

En: La Guía

No es renunciar a la comodidad y la sensación de libertad, al contrario, es un espacio pequeño con muchas oportunidades. Habitar una casa de proporciones mínimas (casi inimaginables) me ha dado  razones para salir sin pensar en lo que dejo y despojarme de cosas ocupan más espacio que soluciones.

Tiny house en Colombia

Con una tiny house la naturaleza se convierte en la extensión de su sala. Foto / Angie Lorena Franco

 

He tenido la oportunidad de habitar en tres mini casas, y ahora último en una donde mi espacio se reduce cada vez más. Eso ha hecho que renuncie a una infinidad de cosas materiales innecesarias, demandantes de tiempo, atención e idolatrías, como cuadros, ropa, colecciones y un cúmulo de pertenencias que hablan por nosotros mismos y nos ubican en un nivel socio económico presumido.

Al ser una vivienda de pequeñas medidas, transitar en ella es más rápido que incómodo . Foto/ Angie Franco

 

No es minimalismo, de hecho en una tiny house hay espacio para la ‘cositería’,  solo que sin apegos, pues

al ser un espacio tan reducido, uno se prepara para ser más básico y más impulsivo al punto de agarrar una maleta con tres prendas, el computador, una cámara y salir  sin una fecha de regreso.

 

Y no es que una mini casa sea solo apta para una estadía de corto plazo, al contrario, son lugares con una alta carencia de distracciones que se convierten en espacios inspiradores.

Entonces el tiempo que gastaba trabajando para comprar el sofá, remodelar el baño, el armario y las persianas ahora lo va a utilizar pintando, fotografiando lo impredecible o haciendo toda una tertulia mientras toma una taza de café afuera.

Un espacio pequeño con muchas oportunidades. Foto / Angie Franco

 

Hay tanto tiempo y el lugar es tan pequeño que los problemas domésticos se solucionan de la manera más recursiva.  Es una experiencia donde se evita una cantidad de conflictos cotidianos e innecesarios, ya que la casa  se simplifica hasta convertirse en un lugar únicamente para refugiarse.

La casa se simplifica hasta ser un lugar únicamente para refugiarse. Foto/ Angie Franco

Tampoco es la casa para vivir únicamente después de que se jubile, de hecho entre más joven mejor, pues la finalidad no va a ser tener una casa grande, pero sí va a ser tener más tiempo para materializar proyectos que nos identifican por lo que somos, hacemos, compartimos y no por lo que tenemos.

Amañador, ¿no?

Eso sin contar que la habitación tiene su encanto porque es algo aun más intimo cuando los bordes de su colchón ya no son el sofá de sus visitas.

 

Pues ahora  caminar por las montañas que están a la vista, ver danzar las golondrinas, leer en el pasto  o salir a caminar son actividades mucho más atractivas que estar adentro.

y aunque la habitación sea pequeña hay espacio para escribir y leer en un día frío.

La reducción del espacio me ha hecho entender que el lavaplatos puede ser del tamaño del lavamanos, que los nocheros, igual que el bifé, no son necesarios porque en ellos solo guardamos basura y medicamentos, en cambio, la nevera siempre está llena porque es muy pequeña y los rincones que normalmente son el san alejo, son el armario; las puertas se convierten en mesas y la cocina se reduce a lo que utilizamos a diario y no en un reguero de «por si las moscas».

 

 

 

 

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