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Un saber más fuerte que el cáncer y un mal clima

En: Sabias montañeras

Entre las zanjas de los cultivos de fresa, una mujer conserva un saber más fuerte que el cáncer y un mal clima. Con 63 años Teresa es quien parece darle oportunidades a la vida, pues ni las heladas le han derrumbado las ganas de seguir arando la tierra, hilar lana y tejer tapetes.

 

Sabias Montañeras

 

En Guasca, la ganadería, las flores, la papa, la zanahoria y las fresas encabezan la economía de esta región. En la vía hacía Termales, donde por tradición vive la familia de Teresa, es aún más notable este modo de subsistencia.

Su familia ha sido testigo de los cambios en su territorio y la fragmentación entre una generación cada vez más ajena a los oficios del campo.

 

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Al atardecer, Teresa sale con su sombrero que tiene pequeños orificios por donde pasan los rayos del sol. Mientras cosecha la fresa, cuenta entre risas cómo sobrevivió a un cáncer de piel que estuvo a punto de negarle la oportunidad de seguir trabajando al aire libre.

 

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“Tres años atrás me había salido un lunar maligno en la cara, entonces me programaron una cirugía para extraerlo antes de que se esparciera por todo el cuerpo”.

 

Foto / SABIAS MONTAÑERAS

 

Sin embargo,  el goce se anteponía a la salud, pues el día de la cirugía, Teresa tenía un crucero en Panamá; ni la angustia ni la insistencia de los médicos hicieron que esta carismática mujer detuviera el viaje de sus sueños. Ella afirma entre carcajadas «yo prefiero viajar que estrenar».

 

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En su casa es notable su gusto por el mar. En las mesas se ven conchas, caracoles y en sus álbumes las fotografías la muestran a ella en la playa, siempre sonriente. Otras fotografías de color sepia muestran sus antecesores, los mismos que hicieron la primera siembra en el sector.

 

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También recuerda a su esposo, un hombre agricultor oriundo de Guasca, que falleció hace cuatro años. En muchos amaneceres las bajas temperaturas lo sorprendieron cuando las heladas dañaron sus cosechas sin compasión ni predicciones.

Él se sentaba a llorar  y aunque para Teresa esos fenómenos naturales dejen secuelas en la tierra, sus múltiples conocimientos sobre oficios de campo le dieron la capacidad de afrontar situaciones desfavorables, criar a sus dos hijos y dejar en ellos un legado que los formó pensando en que la autosostenibilidad también puede ocurrir en el campo sin importar la edad.

 

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