Aldeanos Digitales - Vivir y trabajar fuera de la ciudad

Vivir en el campo no lo convierte en neocampesino

En: Inspiración

Este es un tema que comienza con un tono «espritualoide» y termina en Stand up comedy. El concepto de neocampesino se ha vuelto cada vez más popular en las redes sociales y blogs de estilo de vida, ya sea por la tendencia a evolucionar el modelo convencional de trabajo de oficina, o por ser un proyecto de vida que queremos realizar pero por lo pronto -con esta mano de trabajo- no aguanta sino un like y guardarlo en Pinterest.

Lo curioso o más bien «pintoresco» de vivir y trabajar fuera de la ciudad, desde la expectativa de las personas que vienen a visitarnos, es el imaginario de neocampesino que esperan encontrar en nosotros y el desconcierto que les queda cuando se van. Porque sucede que:

  • No somos neocampesinos
  • Fácilmente podrían ser nuestros próximos vecinos

Básicamente el desconcierto es porque no poseemos la sabiduría, la conexión con el cosmos, el llamado ancestral o lo gratificante de trabajar en la tierra que esperan que les contemos para sentirse, al menos por un fin de semana como «parte del parche». Nosotros no comemos lo que producimos en la huerta (de hecho no tenemos) ni vendemos cositas en la plaza del pueblo, no hacemos yoga ni tenemos acento de biólogo/muisca wannabe. Por lo general consumimos más tinto, cigarrillo, vino y carne asada que el promedio.

Ni tampoco somos una comunidad donde «todo fluye en armonía con la naturaleza y los deberes son una dinámica colectiva», de manera que ese estilo de vida alternativo que las personas quieren conocer para inspirarse, no existe.

Sin embargo somos Superhosts en AirBnB, lo que significa que las personas que se hospedan en las cabañas el fin de semana la pasan muy bien, se van felices, y no propiamente por todas las cosas que no somos ni hacemos.

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«Nosotros o nadamos en su inodoro, así que no orine en nuestra piscina». Los turistas se limitan a pagar por conocer, pero a su vez estamos compartiendo la sala de nuestra casa.

Es cuestión de contraste. Es decir, es chevere encontrarse a veces con personas que viven diferente, pero sucede que vivimos igual pero en el campo, y por alguna razón hace que quienes nos visitan se sientan inspirados a hacer lo mismo. Como también les hace cuestionarse por qué no lo han hecho.

El neocampesino es un estilo de vida que se desarrolla muy bien en el campo, mas convertirse en neocampesino es opcional, además es bien jodido.

Porque imagínese usted, estudia 5 años en la Universidad y se gasta otros 5 o 10 años ejerciendo su carrera hasta que la vida ejecutiva y el súper salario no lo satisface, y piensa que un estilo de vida más simple en contacto con la Pachamama le dará un significado más nítido; a lo mejor pensará también que todo lo que siembre le va a crecer en materitas a lo blog de permacultura, y que sus tres gallinitas le van a dar huevos de por vida. Pues vecino, los blogs le cuentan lo que vale la pena o lo que es «noticia» porque lo que pasa en la vida real es que no le crece un carajo (al menos para abastecerse de alimento regularmente) y las gallinas no dan huevos siempre, además son el bocadillo por excelencia de los perros de los vecinos.

Ahora, no quiere decir que llegamos a traer «el progreso a este pueblo» como hemos escuchado de otros inmigrantes capitalinos con delirio de colonos. Vinimos porque el exceso de reuniones, procesos y pataletas nos estaban quitando más tiempo y salud que lo que nuestro sueldo podía cubrir, y después de varios años comprobamos que tomamos la decisión correcta al recuperar nuestra salud y tener tiempo en abundancia.

Y claro, sí hemos hecho cosas en el campo pero no para acreditarnos como neocampesinos, sino porque al entender la naturaleza como sistema nos dimos cuenta de que lo volvimos mierda hace rato, y nos hemos puesto en la tarea de devolver este sistema a su estado original. Por ejemplo:

  • Sembramos más de 100 árboles nativos porque hace tiempo alguien dijo que el pino y el eucalipto son buenos para madera, pero no mencionó que estas especies foráneas consumen tanta agua que no dejan crecer a las demás especies alrededor.
  • Estamos limpiando el río que pasa por la finca porque es un río, no un basurero; pero parece que mucha gente no lo tiene claro y echan colchones, pañales, ropa y otras cosas que no quiero recordar.
  • Vamos a hacer una huerta, porque prefiero sacar un tomate de la mata que ir hasta el pueblo a comprar una bolsa de tomates.

Lo que pasa -o al menos para mi- es que con el tiempo no es una finca ni es la tierra, es la sala de nuestra casa, y así como no entraríamos a la casa de nadie a robarnos la cuchara del azúcar, lo mínimo que esperamos de un turista es que no bote basura en el camino o se robe las flores. Sí, tiene su lado ambiental y la cosa pero en lo personal, me desconcierta también que más allá del medio ambiente es una cuestión de modales. De sentido común.

De manera que vivir en el campo no lo convierte en neocampesino ni tiene que hacer un diplomado en permacultura para que lo acepte la madre tierra; después de leerme un rato me doy cuenta de que lo único para lo que debería prepararse es para convivir con uno mismo y aprender, a las buenas y a las malas, de los demás.

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