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El voluntariado no es para hippies

En: Opinión

El voluntariado es un tipo de economía colaborativa en la cual las personas intercambian trabajo por comida y hospedaje, y ha tomado mucha fuerza en los últimos años a raíz del interés creciente de las personas de todo el mundo por la sostenibilidad.

De hecho, es una forma muy práctica y económica de viajar ya que generalmente los lugares que ofrecen voluntariado son fincas o lugares a campo abierto donde se necesitan manos para realizar tareas diarias del campo que créanme, no son pocas ni son cómodas. Entonces, si usted quiere viajar «on the cheap» o de guerrero como decimos acá, el voluntariado es una buena opción porque al final del día, tanto usted (voluntario) como los dueños (anfitriones) salen beneficiados.

Hemos estado dándole forma a este concepto en los últimos meses ya que vivimos y trabajamos en una finca con suficiente tiempo, espacio e ideas para desarrollar varios proyectos, y pensaría uno que solo faltan manos y ganas para desarrollarlos. Y no, resulta que para que el voluntariado sea efectivo se deben tener en cuenta varios aspectos -sobre todo humanos- que garanticen su sostenibilidad.

El voluntariado consiste en crear un equilibrio entre el tiempo, el esfuerzo y el tipo de tareas a realizar, porque es una finca, no una fundación.

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Lo más probable es que estos sean los primeros comensales de la huerta que ayudó a sembrar en el voluntariado.

Suena romántico esto de trabajar en la tierra, sembrar maticas y la cosa pero detrás de estas actividades debe haber una organización y objetivos claros del proyecto por una sencilla razón: el éxito de estos proyectos radica en la persistencia, con lo cual remover la tierra y sembrar es solo el comienzo de un proceso de prueba y error que con el tiempo (y después de haber perdido unas cuantas cosechas por causa del clima, las plagas y los animales) empieza a dar resultado. Desde ese punto de vista, quien ofrece alimento y dormida al voluntario debe pensar que la inversión que hizo en el mercado para los voluntarios se vendrá a recuperar cuando la huerta empiece a dar frutos y no tenga que comprar tantas cosas por fuera.

Es por eso que para nosotros el voluntariado es una relación de tiempo y esfuerzo que negociamos con los voluntarios como una inversión a largo plazo. Y como eso cuesta, mientras el voluntario se va para la casa con la satisfacción de haberse ganado la comida literalmente «con el sudor de su frente», nuestro objetivo es algo así como patrocinar la sudada de decenas de voluntarios por varios meses hasta que el sistema (la huerta) se estabilice y produzca. Visto así el voluntariado es tan serio y estructurado como cualquier proyecto corporativo, solo que sin corbata, sin jefes, sin Emails y con un horario tan flexible como su voluntad (o su pereza) se lo permitan.

«Eso del voluntariado es para hippies, si yo voy a una finca es a pasar bueno».

De hecho pienso lo mismo, y cuando viajamos a otros lugares lo último que se me antoja es echar pala. Sin embargo un estilo de vida que no tiene tantas dependencias como la vida en la ciudad inspira a aprender y explorar, lo cual a veces requiere trabajo físico. El truco es que si uno está haciendo lo que le gusta el cansancio no se percibe. Fíjese que para eso no se necesita un discurso pachamamista ni un delirio de neo-campesino; solo curiosidad, energía y una tarea a realizar que, si es sostenible para nosotros se la negociamos por comida y alojamiento. Ahora, si no tiene el mínimo interés por trabajar le aseguro que en la finca la va a pasar delicioso y va a descansar al máximo, solo que ahí ya no es voluntario sino huésped. Y para eso manejamos otras tarifas.

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